La historia de un joven que llegó de la zona rural con su familia, con la visión de trabajar y salir adelante en la ciudad y hoy es socio de su papá en su propia taquería. Con sabrosos tacos que conquistan paladares, Juan Pablo es ejemplo de disciplina y perseverancia en Mazatlán
Por: Eunice Arredondo
A sus 19 años de edad Juan Pablo Osuna Lizárraga tiene años de experiencia en el negocio familiar y es emprendedor en el sector Pradera Dorada de Mazatlán con una carreta de tacos de cabeza.
El joven, originario de la comunidad de El Placer, Sindicatura de La Noria, en la zona rural norte de Mazatlán, es parte de una familia con tradición en la venta de tacos de cabeza en el puerto, negocio que desde hace 5 años también iniciaron al llegar a la ciudad.
Los papás de Juan Pablo decidieron dejar su pueblo, donde se dedicaban a la agricultura, para buscar mejores condiciones de vida y la continuidad de los estudios para sus cuatro hijos.
Tenían en mente poner una taquería, pues algunos familiares ya incursionaban en este giro con buenos resultados en varios sectores de la ciudad. A su llegada a Mazatlán se establecieron en Las Mañanitas, donde empezaron su negocio.
“Ya veníamos con la idea, con todo preparado nada más para instalarnos, allá en el rancho la situación estaba complicada y queríamos salir adelante, también en el estudio porque allá no había tanta manera. Cuando recién puso mi papá la taquería yo empecé a ayudarlo”, dice Juan Pablo con seguridad.
Desde los 12 años, el joven empezó a aprender de todo lo relacionado con la preparación y venta de tacos de cabeza, la receta de la familia, que ha tenido éxito en lugares como el Jabalíes y el Conchi, en Mazatlán, los ayudó a iniciar con el pie derecho.
“Trabajé con mi papá desde los 12-13 años y ahora tengo 19. Trabajé de repartidor, mesero, taquero, de todo aprendí”, dice con una sonrisa.
Los tacos de cabeza “Omar” llamados así en honor al hermano menor de Juan Pablo, poco a poco fueron ganando clientela y buena fama en Las Mañanitas, donde el negocio se ubica en un local aledaño a la vivienda de la familia.
Ahorro y visión de emprendimiento
Mientras Juan Pablo le ayudaba a su papá en la taquería continuaba con sus estudios y también planeaba tener su propia carreta de tacos de cabeza, meta que cumplió hace cuatro meses.
Desde un año antes, el joven empezó a ahorrar lo que ganaba con su trabajo en el emprendimiento de la familia, hasta que llegó el momento de proponerle a su papá expandir el negocio y ser socios para poner una nueva carreta en Pradera Dorada.
“Le propuse que nos expandiéramos, le dije que la inversión la hiciéramos a medias que me hiciera su socio, que pusiéramos otra taquería y ya tenemos cuatro meses en Pradera Dorada”, dice orgulloso.
La confianza de su papá y su fe en que la ubicación que eligió tiene potencial han llevado a Juan Pablo a permanecer en su negocio estos meses a pesar de que hay días en los que las ventas no son buenas.
Todos los días, a excepción de los jueves, el joven llega a la Avenida Eje-2 a las afueras del estacionamiento de la Bodega Aurrerá de Pradera Dorada para instalar su carreta de tacos de cabeza muy temprano, a las 7:00 am empieza a dar servicio y se queda hasta la 1:00 pm.
Regularmente lo acompaña su novia Kimberly, cuando no está en la escuela, y los fines de semana lo ayuda un primo.
“Me gustó esta ubicación que está en la pura pasada y no hay taquerías por acá de cabeza. Todos los días tengo tacos de cabeza surtido, maciza, ojo, lengua y cachete”, señala.
Trabajo y buen servicio
Seguro de que su primera inversión en el emprendimiento de la familia dará frutos, Juan Pablo se esfuerza todos los días por dar un buen servicio a sus clientes, busca afianzarse en este lugar, igual que su papá logró establecerse y hacer crecer la clientela en Las Mañanitas.
“Estamos decididos a aguantar, le tengo fe aquí, aunque han sido días difíciles, hay días buenos y otros más calmados, pero aquí andamos aguantando con toda la fe de salir adelante”, dice convencido.
La familia de Juan Pablo lo apoya y continúa haciendo su trabajo para consolidar su taquería en Mazatlán, los hermanos menores, al igual que él ya ayudan en el emprendimiento y poco a poco se van empapando de la dinámica del negocio.
“Yo soy el hermano mayor, los menores tienen 11 y 12 años también nos ayudan en Las Mañanitas”.
Juan Pablo, con el corazón bien puesto y las manos trabajadoras, ha demostrado que el camino hacia el éxito se construye con esfuerzo honrado.
En su carreta de tacos de cabeza “Omar” no solo vende: inspira. Cada pedido que prepara es una prueba de sus ganas de salir adelante, de su disciplina diaria y de esa convicción que nace cuando el trabajo se hace con respeto y con amor por lo que se ofrece.
Como joven emprendedor, Juan Pablo no se queda en el “hoy”, piensa en el “mañana”.
Tiene visión, y esa visión se nota en su determinación por ahorrar con propósito, cuidando cada paso como si fuera parte de un plan más grande. Su impulso no es improvisado: es estratégico, valiente y lleno de metas claras.
Por eso, su sueño va más allá de la carreta: quiere crecer, quiere sumar y quiere construir en familia.
Su idea de proponerle a su papá una sociedad nace del deseo de hacer equipo y de expandir el negocio con más fuerza, orden y oportunidades para que tacos de cabeza “Omar” alcancen nuevos corazones y conquisten paladares en el sector de Pradera Dorada.
Y así, con trabajo honrado y una mentalidad de futuro, Juan Pablo nos recuerda que los grandes cambios empiezan con decisiones pequeñas pero firmes: levantarse, perseverar y creer.
Que este esfuerzo sea el inicio de una historia todavía más grande, donde el sacrificio de hoy se convierta en el crecimiento de mañana para su negocio familiar y para todos los que confían en su talento.