De un sueño infantil a un grupo que crece con apoyo comunitario, la Maestra Lupita ha logrado, a través del baile folclórico, trascender con valores más allá del escenario, a los hogares de sus alumnos
Por: Eunice Arredondo
El arte es parte de la vida de la maestra Lupita González desde muy pequeña, el baile y el canto es lo que más le gusta, lo disfruta todos los días y ama compartirlo con su comunidad, en Urías, municipio de Mazatlán.
En entrevista con Tus Buenas Noticias, la maestra platica su historia unos minutos antes de empezar la clase vespertina en la plazuela, a la que asisten decenas de personas, desde niños hasta adultos que disfrutan, igual que ella, del baile folclórico.
Aunque desde niña supo que quería ser maestra de artes, este sueño se volvió realidad muchos años después, cuando un accidente automovilístico la hizo poner en perspectiva su vida y decidió retomar sus estudios para alcanzar su meta.
“Cuando era alumna de primaria al ver que la maestra me enseñaba danza yo decía, cuando sea grande yo quiero ser maestra, de muy chiquita juntaba a mis vecinos, ponía cartulinas y me ponía a jugar con ellos a que yo era la maestra”, recuerda con una sonrisa.
La vida continuó y Lupita siguió con sus estudios, pero después de la secundaria dejó la escuela, se casó y tuvo a sus dos hijos, la vida había tomado otro rumbo, muy diferente al que soñaba cuando era niña.
El suceso que cambió su vida
Un accidente grave, que por fortuna no tuvo consecuencias fatales, la hizo pensar en sus metas, en cómo quería continuar su camino y decidió retomar sus estudios para llegar a ser maestra de artes.
“Andando en el centro por curaciones después del accidente me dieron un folletito de una prepa abierta, pensé esa es una señal, regresé a los días, me inscribí y en Semana Santa yo inicié el curso, tenía 25 años cuando reinicié mis estudios”, explica.
Lupita terminó en un año la preparatoria y aún sin tener el certificado se fue a Tepic a buscar su ingreso en la Escuela Normal, al siguiente verano ya estaba inscrita en la carrera.
“Así fue como yo estudié seis veranos en Tepic la Licenciatura en Danza Regional Mexicana, iba solo en verano y el resto del tiempo venía a Mazatlán, a mí me pedían 600 horas de práctica así que desde que empecé a estudiar ya estaba como maestra en alguna escuela”.
Durante los veranos Lupita regresaba a su casa los fines de semana para atender a sus hijos y su hogar, pues entre semana su esposo los cuidaba para que ella pudiera continuar sus estudios.
Al terminar el verano la maestra hacía sus prácticas enseñando costura, música, danza, teatro, lo que aprendía en la Normal lo aplicaba durante el ciclo escolar y llevaba las evidencias.
Su primera escuela durante cuatro años de carrera fue la Amadeo Quevedo Betancourt en Villa Florida, a partir del quinto año llegó a la Primaria Ricardo Flores Magón de la colonia Urías y luego a la Nicolás Bravo, que es en el mismo edificio, pero en el turno vespertino.
Grupo de Danza de Urías, comunidad que sigue creciendo
Desde 2017 la maestra Lupita inició con apoyo de otras compañeras un grupo de danza regional en la Plazuela de Urías, que tuvo que terminar cuando la cambiaron de municipio en su trabajo.
Al graduarse y obtener su base en 2020 la maestra trabajó en línea durante la pandemia de COVID 19 en el municipio de Guasave y luego en Sinaloa de Leyva donde estuvo tres años.
Después le dieron el cambio a Mazatlán y empezó a trabajar en la secundaria Antonio Toledo Corro en Valle Bonito, regresó a la primaria Flores Magón y también a la Democracia, en Urías.
Desde su regreso, los alumnos de las primarias que la conocían desde hace años le pidieron reabrir el grupo de danza en la plazuela, fue hasta el verano de 2025 que esta iniciativa volvió a tomar fuerza.
“Fue tanta la insistencia que me sentí obligada, pero con mucho gusto, porque no nada más son niños, son adultos y son jóvenes los que vienen, es una satisfacción ver que el grupo va creciendo, que venimos desde cero y todos poniéndole el mismo empeño para salir adelante”, dice con orgullo.
Buscando recursos para vestuario
Este año la maestra Lupita y su grupo de danza han iniciado una serie de eventos para recaudar fondos y poder adquirir vestuario para sus presentaciones.
El pasado 17 de mayo realizaron un festival y una kermés en la Plazuela de Urías, con muy buena respuesta de la comunidad.
“Todo el grupo nos pusimos de acuerdo con la intención de que todo lo recaudado sea para mandar a hacer vestuario, todas las mamás del grupo donaron lo de la venta. Vamos a comprar vestuarios de Sinaloa, Campeche, Veracruz y Tabasco, que son las coreografías que ya tenemos montadas”.
El próximo 14 de junio es nuestro siguiente evento para festeja a papá y es con el mismo objetivo de recaudar fondos, pues el vestuario de danza regional es bastante costoso.
Para la maestra Lupita las clases de danza en las escuelas y en la plazuela van más allá de un trabajo. El beneficio que lleva a la comunidad a través del arte trasciende a cada hogar en el que los niños bailan y mejoran su calidad de vida.
“El baile nos quita un momento de estar pegados en el celular, nos ayuda a estar saludables y más que nada se disfruta, hacer lo que nos gusta es maravilloso”, señala.
Con su grupo de danza, donde también se promueve la inclusión de pequeñas con alguna discapacidad, la maestra Lupita ha logrado fortalecer a toda una comunidad.
Al final, la historia de la maestra Lupita no trata solo de talento: trata de continuidad, de comunidad y de cómo el arte puede convertirse en bienestar.
Desde su regreso a las aulas después de un accidente, hasta la reactivación del grupo de danza en la Plazuela de Urías, queda claro que el baile regional que ella comparte se sostiene con esfuerzo colectivo.
Estudiantes, familias y vecinas que se organizan para recaudar fondos y conseguir vestuario, y que además impulsan la inclusión para que más niñas y niños puedan participar.
Esta historia invita a seguir apoyando iniciativas culturales locales, porque cuando el arte se fortalece, también se fortalece la comunidad: se reduce el tiempo frente al celular, se promueve la salud, se fomenta la convivencia y se construye pertenencia.