A pesar de las dificultades y de la desaparición gradual del noble oficio de la bola y la pintura de calzado, "Pancho" continúa trabajando cada día con la misma pasión que lo ha acompañado durante más de tres décadas.
Por: Erick Valenzuela
En el mercado de Costa Rica todavía hay un sonido que resiste el paso del tiempo: el del cepillo sobre el cuero.
Detrás de ese trabajo está Francisco Flores González, mejor conocido como “Pancho Bolero”, un hombre que durante más de 35 años ha encontrado en la boleada de zapatos una forma honesta de salir adelante y servir a su comunidad.
El noble oficio que se niega a desaparecer
A sus 51 años, Pancho se ha convertido en mucho más que un bolero. Es un ejemplo de perseverancia para quienes lo conocen. Desde pequeño utiliza silla de ruedas debido a las secuelas de la poliomielitis, pero nunca permitió que esa condición limitara sus ganas de trabajar.
Yo decía que no estaba para eso, que mis papás me iban a mantener siempre”, recuerda.
Más de tres décadas manteniendo la tradición
Comenzó a los 14 años, motivado por amigos que ya se dedicaban al oficio. Lo que inició como una oportunidad para ganar unos pesos terminó transformándose en una profesión que le permitió formar una familia y construir una vida basada en el esfuerzo.
Durante décadas recorrió las calles de la sindicatura con su cajón de bolear, visitando comercios y atendiendo clientes. Hoy, cuando el uso de tenis ha reducido la demanda y muchos boleros han desaparecido, Pancho permanece como el último representante activo de este oficio en Costa Rica.
Me dicen: ‘¿Está ahí, Pancho Bolero?’ y ya saben dónde encontrarme”, comenta.
Resistencia y resiliencia en el noble oficio del bolero
Lejos de desanimarse, continúa trabajando todos los días. Además de lustrar zapatos, ofrece reparación de calzado y vende diversos artículos para complementar sus ingresos.
Su mayor orgullo, asegura, es su familia. Su esposa Evangelina y sus hijos lo acompañan y apoyan en cada etapa de esta historia de trabajo y constancia.
Con una sonrisa amable y la misma voluntad de siempre, Pancho sigue ocupando su lugar en el mercado. Ahí, entre cepillos, cremas y recuerdos, mantiene viva una tradición que forma parte de la identidad de Costa Rica y demuestra que la verdadera fortaleza nace de la perseverancia.