Virginia Peraza González vive con osteogénesis imperfecta, una enfermedad conocida como huesos de cristal. A pesar de las fracturas y dificultades, logró salir adelante, formar una familia y convertirse en ejemplo de lucha y resiliencia.
Por: Yolanda Tenorio
Coyotitan, San Ignacio, Sinaloa .- Virginia Peraza González, de 44 años de edad, vive con osteogénesis imperfecta, una enfermedad conocida como “huesos de cristal”, que provoca fracturas constantes y severas deformaciones óseas. Sin embargo, lejos de rendirse, ha construido una vida marcada por la valentía, el trabajo y el amor por su familia.
Nació en Tecuala, Nayarit, dentro de una familia humilde que, pese a las carencias económicas, jamás dejó de luchar por ella.
La enfermedad que cambió su vida desde la infancia
Virginia comenzó a fracturarse cuando apenas tenía dos años. Sus abuelos maternos, quienes la criaron, no entendían qué ocurría con la pequeña.
La llevaban de un lugar a otro buscando respuestas.
“Veía a mis abuelos sufrir, pero no comprendía muchas cosas. Ahora entiendo el sacrificio que hicieron para llevarme a donde les dijeran. Sé que no tenían dinero, pero sí amor y voluntad”, recordó.
En medio de la incertidumbre, alguien les habló de un lugar en Ajoya, Sinaloa donde ayudaban a personas con discapacidad: el centro de rehabilitación PROJIMO, fundado por David Werner.
El centro de rehabilitación que transformó su destino
Cuando tenía apenas cuatro años, Virginia fue llevada a Ajoya, Sinaloa, donde especialistas evaluaron su condición.
Posteriormente viajó a Estados Unidos para recibir cirugías en los pies debido a las deformidades provocadas por la enfermedad.
“Me pusieron clavos, me enderezaron los pies y me dieron terapias. Caminé mucho tiempo con aparatos y muletas”, contó.
Sin embargo, con el paso del tiempo comprendió que las muletas empeoraban algunas deformaciones en sus manos. A los once años pidió usar silla de ruedas y, desde entonces, su calidad de vida mejoró significativamente.
La última fractura grave que sufrió ocurrió hace más de 20 años.
El amor de sus abuelos marcó toda su vida
Virginia asegura que nada de eso habría sido posible sin el amor incondicional de sus abuelos.
“Mi abuelito no tenía estudios ni dinero, pero eso nunca fue impedimento. Pudo más el amor que sentía por mí”, expresó conmovida.
Recuerda que, aunque crecieron en pobreza, jamás le faltó cariño ni apoyo.
“Me hubiera gustado tener más fotos con él, pero no teníamos cámara. Siempre está en mi corazón”, dijo entre lágrimas.
De vivir con discapacidad a convertirse en madre y trabajadora
Con el tiempo, Virginia continuó estudiando en Coyotitán, donde PROJIMO trasladó sus instalaciones en 1998.
Logró cursar la preparatoria y comenzó una nueva etapa de independencia rodeada de personas con discapacidad.
Años después formó una familia y se convirtió en madre.
Contra todos los pronósticos médicos, su hijo José Carlos nació completamente sano y no heredó la enfermedad.
Actualmente, el joven estudia el tercer año de Enfermería en la Universidad Autónoma de Occidente, campus Mazatlán.
“Me ayuda a movilizarme, me sube y baja de los camiones y nunca le han importado las miradas o los comentarios. Siempre empuja mi silla con orgullo”, contó.
Madre soltera y ejemplo de lucha en Mazatlán
Virginia también ha trabajado en distintos lugares para sacar adelante a su hijo.
Ha laborado en PROJIMO, en Sagarpa y en una mueblería, mientras José Carlos trabaja lavando autos para ayudar con los gastos del hogar.
“Soy mamá soltera orgullosamente y hemos salido adelante con mucho esfuerzo”, expresó.
Osteogénesis imperfecta: cuando la voluntad es más fuerte que el dolor
Aunque vive con una enfermedad que vuelve extremadamente frágiles sus huesos, Virginia asegura que nunca ha permitido que eso defina sus límites.
Su historia se ha convertido en ejemplo de resiliencia, amor familiar y fortaleza emocional.
“Virginia tiene huesos de cristal y voluntad de hierro. No se quiebra. Otros completos de cuerpo y rotos de pretextos, se astillan con el primer ‘no puedo’”.