El viaje de una familia que ha crecido junto a su vecindario
Por: Eunice Arredondo
En los años 80, cuando fue inaugurado el Infonavit El Conchi en Mazatlán, la familia de Linda Castro Ramírez y Pancho Ponce Rivera llegó a al puerto y se estableció en este conjunto habitacional donde prácticamente fueron de los primeros habitantes.
Linda, originaria de Jalisco, nació en Guadalajara donde vivió pocos años, su familia se trasladó a Sinaloa y se quedó en Escuinapa desde que ella tenía tres años de edad, ahí creció en el seno de una familia de comerciantes.
Los papás de Linda tenían una pollería en el mercado de Escuinapa y una tienda de abarrotes en su casa, por lo que, durante su niñez y juventud, aprendió de todo lo relacionado con esos negocios.
Cuando estudiaba la preparatoria Linda conoció a Pancho, un joven cuya familia también se dedicaba al comercio y tenía el mismo negocio que sus padres, una pollería en el mercado.
Linda y Pancho se enamoraron y decidieron casarse, se mudaron juntos a Culiacán y mientras estudiaban la universidad tuvieron a su primera hija, Ana Isabel.
“Nos fuimos a vivir a Culiacán allá duramos como cinco años, él era gerente de Coppel, estudiábamos en la UAS, terminamos allá la carrera los dos, él estudió administración de empresas y yo derecho, pero no ejercí, me embaracé de Ana Isabel y ya me dediqué a cuidarla, cuando me recibí mi bebé tenía meses de nacida”, recuerda.
Con el tiempo a Pancho lo trasladaron de su trabajo a Mazatlán y fue así como llegaron al Infonavit El Conchi, en el sector Flores Magón, un conjunto habitacional recién construido y que apenas se estaba habitando.
De las primeras familias en el Infonavit El Conchi
Linda platica que cuando llegaron no había cerca de la zona ni mercados, ni tiendas de auto servicio, por lo que Pancho y ella decidieron poner una tienda de abarrotes, en el patio de su departamento.
“Abrimos la tienda aquí cuando nos dieron el departamento porque estaba muy escueto, no había ni mercados ni tiendas de autoservicio, nosotros estuvimos antes de que hubiera eso y bendito Dios nos fue bien”, dice.
Como Linda tenía la experiencia de haber crecido viendo a su mamá atender la tienda de abarrotes en su casa, en Escuinapa, para el matrimonio fue natural seguir el camino del comercio, que sus familias les habían enseñado.
Para Linda este emprendimiento fue ideal pues le permitía atender a su pequeña hija mientras estaba al pendiente de su negocio. Pancho continuaba trabajando en Coppel, sin dejar de ayudar a Linda en la tienda.
“Pancho seguía trabajando en Coppel, pero venía a comer y me ayudaba a acomodar refrescos y después de comer se regresaba, como podía me echaba la mano”, señala.
La tienda de abarrotes tuvo muy buen comienzo en El Conchi, al no haber competencia en la zona los clientes llegaban de los alrededores y esto les permitió a los jóvenes esposos progresar rápidamente.
“Gracias al negocio nos pudimos hacer de varios departamentos porque la gente venía a la tienda a comprar, donde está la tienda ahorita era el patio del primer departamento que compramos, empezamos con un tejabancito nada más, se acondicionó y se abrió”.
Gracias a las ventas pudieron comprarle su casa a una vecina que quiso vender y pudieron acomodarse con la tienda y su casa en dos departamentos, pero de todos modos se llenaban los pasillos de mercancía.
“Yo tenía ganas de tener mi casa sin cartones de huevo y de mercancía, hasta que años más adelante otra vecina que era de Guadalajara nos vendió el departamento de arriba y así fue como pudimos tener la casa independiente del negocio”, dice.
En ese lapso Pancho decidió renunciar a su empleo de varios años pues le propusieron cambiarse de ciudad y él con su familia ya estaba bien establecido y con el negocio viento en popa en El Conchi, así que prefirió dedicarse a ayudar a Linda.
La cocina, el talento que abrió nuevas posibilidades para Linda y Pancho
Así fue que Linda y Pancho decidieron iniciar un nuevo emprendimiento, una cocina económica.
“Después abrimos la cocina económica, como a los dos años, fue idea de Pancho y también pegó porque no había competencia en ese tiempo”, platica con entusiasmo.
Desde un principio contrataron a personas que los ayudaban en el negocio de comida, pero Pancho fue quien dirigió los esfuerzos pues le gusta la cocina y tiene buena sazón, tanto, que ha atrapado con sus guisos a los clientes durante años.
En ese tiempo el matrimonio tuvo a su segundo hijo y así, con la familia completa, se dedicaron a sus dos negocios, que hasta hoy le han dado lo necesario para el sustento del hogar.
“Hemos estado muy bendecidos porque de esto hemos vivido todo el tiempo aquí en Mazatlán, vimos como creció esta zona para San Jorge, Villa Verde, y quedamos en buen punto porque las familias que pasaban a los nuevos fraccionamientos llegaban a comprar, nos tocó ver cuando fundaron los mercados y llegaron las tiendas como la Ley y cuando construyeron la avenida Clouthier”, platica.
Los abarrotes y la cocina económica “Linda” son ya parte del paisaje del Infonavit El Conchi, con más de 40 años de trabajo, el matrimonio de Linda y Pancho con queridos por sus vecinos y reconocidos por muchas familias de la zona que son clientes desde hace muchos años.
Linda asegura que el negocio de comida es muy noble, pues la gente llega a buscar sus platillos desde otras colonias gracias a la publicidad de boca en boca que le hacen quienes conocen el buen sabor de sus guisos.
“Con tantos años ya sabemos lo que le gusta a la gente, lo complicado es cuando cambiamos de cocineras, pero cuando entran ya nosotros les decimos cómo se va a cocinar para seguir con la sazón de siempre”, dice.
Resiliencia y amor: el secreto detrás del éxito familiar
Tanto Pancho como los hijos de Linda se involucran en la preparación de alimentos si es necesario y ellos se hacen cargo del negocio si Linda no está.
“Mis hijos y Pancho por ratitos me ayudan, la mayor parte del tiempo estoy yo en el negocio, mi hija es estilista y mi hijo es arquitecto, pero también en sus ratos libres me ayudan y le saben al negocio, cuando yo me voy de vacaciones ellos se quedan a cargo porque desde chicos se han involucrado”, asegura.
En la cocina económica “Linda” los domingos son de menudo y los jueves son de pozole, a diario se preparan tamales y frijoles puercos y el menú de sopas y guisados varía a lo largo de la semana.
“Varían los guisados como barbacoa, birria, bistec con papa y carne en su jugo, aparte están las sopas, siempre tiene que haber sopa con pollo, pollo con verdura, albóndigas, arroz blanco, rojo y sopa verde”, explica.
Para la familia Castro Ponce, El Conchi ha sido un buen lugar para vivir, en este sector han hecho comunidad y su vida ha sido tranquila.
Su tienda de abarrotes y la cocina económica “Linda” son testigos de la evolución de un vecindario que, con el paso del tiempo, ha crecido y florecido gracias al compromiso de familias como la de ellos.
Hoy, con más de 40 años de dedicación, su legado va más allá de los sabores de sus guisos; se trata de un ejemplo de resiliencia y unión familiar que inspira a nuevas generaciones.
Mientras continúan sirviendo a sus vecinos, Linda y Pancho demuestran que el verdadero éxito radica en construir lazos y contribuir al bienestar colectivo a través del emprendimiento familiar.