El más reciente análisis del Foro Económico Mundial revela que la riqueza de un país no depende solo del PIB. La distribución del ingreso, el costo de vida y el impacto de la IA redefinen la prosperidad global, sugiere el Informe Global de Riqueza de UBS
Por: Francisco Castro
Sinaloa, México.- Durante décadas, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita ha sido uno de los indicadores más utilizados para medir el éxito económico de una nación. Sin embargo, las preguntas sobre qué significa realmente vivir en un país "rico" están llevando a economistas e instituciones internacionales a mirar más allá de las cifras promedio.
El más reciente análisis del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), sustentado en el Informe Global de Riqueza 2025 de UBS (banco suizo), plantea una reflexión oportuna: la prosperidad no siempre coincide con los grandes indicadores macroeconómicos.
En muchos casos, la forma en que se distribuye la riqueza y el costo de vida influyen mucho más en la percepción de bienestar de las personas.
El promedio no siempre cuenta toda la historia
El informe destaca que la riqueza mundial continuó creciendo durante 2025. Sin embargo, advierte que los promedios pueden ofrecer una imagen distorsionada, ya que suelen elevarse por la concentración de grandes fortunas.
Por ello, el análisis pone especial atención en la riqueza mediana, un indicador que refleja mejor la situación de la persona ubicada en el centro de la distribución económica.
La diferencia resulta reveladora: mientras Estados Unidos figura entre los países con mayor riqueza promedio, cae considerablemente cuando se mide la riqueza mediana. En contraste, países como Bélgica e Italia mejoran su posición al observar cómo se distribuyen realmente los recursos entre su población.
Esta diferencia también alimenta un debate cada vez más frecuente: ¿es correcto afirmar que un país es más rico únicamente porque genera más ingresos por habitante?
La riqueza también se mide en calidad de vida
El Foro Económico Mundial sostiene que comparar economías únicamente mediante el PIB deja fuera elementos fundamentales.
El caso de Finlandia ilustra esta idea. Aunque su riqueza por habitante es considerablemente menor que la de Estados Unidos, continúa encabezando los rankings internacionales de felicidad. De forma similar, en España una amplia mayoría de la población considera positiva su situación económica personal pese a registrar un ingreso per cápita inferior.
China también ofrece otra perspectiva. Aunque algunos bienes pueden resultar más costosos, el acceso a transporte público, educación superior, entretenimiento y servicios cotidianos reduce significativamente el costo de vida para millones de personas.
En conjunto, estos ejemplos refuerzan una conclusión: la riqueza se experimenta de manera distinta según el contexto social, económico y cultural de cada país.
La inteligencia artificial cambia las reglas
El análisis también identifica a la inteligencia artificial como uno de los factores que redefinirán la prosperidad global.
Si bien promete elevar la productividad y acelerar el crecimiento económico, también genera preocupación por la posible sustitución de empleos, el incremento de las emisiones derivadas de nuevos centros de datos y el riesgo de ampliar la concentración de la riqueza.
Para el Foro Económico Mundial, el verdadero desafío consiste en lograr que los beneficios de esta revolución tecnológica lleguen a una mayor parte de la población y no permanezcan únicamente en manos de un reducido grupo de empresas o inversionistas.
Tensiones comerciales en un mundo más complejo
El panorama económico también está marcado por las disputas comerciales entre las principales potencias. Europa enfrenta el desafío de reducir su dependencia industrial de China mientras necesita importar tecnologías clave para responder al cambio climático.
Al mismo tiempo, analistas advierten que repetir estrategias comerciales del pasado podría generar consecuencias económicas de largo plazo, en un escenario internacional cada vez más competitivo.