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Felipe entregó su vida a la educación. Hoy el recuerdo es lo único que le queda

A pesar de los años “El Viejillo” sigue dando de sí, a los más indefensos.

Felipe entregó su vida a la educación. Hoy el recuerdo es lo único que le queda

Entregar la vida a la educación de otras personas, te llena de satisfacción. Hace henchir tu pecho de emoción al recordar que, con una sola vida que ayudas a cambiar, es suficiente para haber educado a generaciones enteras.

Así es como lo ve Felipe. Un hombre que durante los mejores años de su vida se dedicó a enseñar a los niños y jóvenes que se cruzaban en su camino.

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Pero todo lo que enseñó durante su tiempo como maestro lo hizo ser el hombre en el que se ha convertido.

Un hombre de buen corazón. Porque sabe que un corazón noble y dispuesto puede ayudar a cambiar al mundo.

Empezando por su vida y siendo empático con los más necesitados e indefensos.

“El viejillo”, como todos lo conocen ve transcurrir las horas del día sentado en la Plazuela Vicente Guerrero. Ahí, bajo el cobijo de la sombra de uno de los árboles, hasta donde se acercan los cientos de palomitas y pajarillos que van en busca de alimento.

 “Estos animalitos son inocentes, no tienen qué comer, por eso todos los días traigo mi kilo de arroz y les doy de comer”, dice Felipe mientras toma un puño del grano que saca del fondo de un triciclo que utiliza como medio de transporte.

“El viejillo”, lanza a su alrededor un poco de arroz y en su mano deja otro poco, hasta donde se posa una de las palomas que según Felipe es su amiga porque ya sabe que cada día, tiene alimento seguro en esa mano que en un tiempo tomaba tizas y borradores para enseñar a sus alumnos.

Con una mirada de añoro, esa que le queda a los viejos cuando solo viven del recuerdo Felipe asegura que alimenta a las aves porque forma parte del valor humano que todas las personas deben tener.

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Y asegura que es en el hogar en donde se deben forjar esos valores y enseñar a los hijos a tener pensamientos de progreso, pensamientos que te lleven a hacer el bien a los demás.

“Sin importar que sean animales, personas o plantas, todos son seres vivos que merecen respeto. Pero eso se aprende en el hogar”, dice.

Ahora “El viejillo”, pasa sus días entre palomas, granos de arroz y bajo la sombra de un árbol. No olvida que pasó sus mejores días al servicio de otros. Hoy lo sigue haciendo porque es un hombre de buen corazón.

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