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La ética del privilegio

Es imposible negar que unos pocos tienen más ventajas que otros, por lo tanto, la conciencia de la responsabilidad que esto implica es quizá lo que se necesita para impulsar esa nueva realidad racional y humana, justa para todas las personas que coexistimos y nos interrelacionamos en una sociedad
17 abril, 2023
La ética del privilegio.
La ética del privilegio.

Vivimos una época en la que es urgente y posible escribir el proyecto de la sociedad del futuro inmediato sobre fundamentos socioambientales y evidencia técnica, y son los privilegiados quienes pueden hacerlo.

La conciencia ética del privilegio es quizá lo que se necesita para impulsar esa nueva realidad racional y humana, justa para todas las personas que coexistimos y nos interrelacionamos en una sociedad.

Por lo tanto, requerimos consensuar el fin de la sociedad, su propósito. Preguntarnos, ¿para qué es la sociedad? Entonces, alinear los medios y acciones necesarios para conseguirlo. Porque no todos los medios ni todas las acciones para acabar con la pobreza o detener la devastación ambiental son éticos, como por ejemplo la concentración del poder político en una oligarquía. 

Este ejercicio necesariamente tiene que realizarse con base técnica para ahuyentar dogmas ideológicos y religiosos. Es decir, esas verdades que tomamos como verdaderas por sí mismas, sin que en la realidad exista evidencia de sus afirmaciones. Es una condición democrática.

Pero no todos tenemos el poder para una empresa de transformación social.

Partamos primero de dos hechos verdaderos y verificables: la desigualdad y la semántica en torno al privilegio.

El sufrimiento evitable: la desigualdad

La desigualdad es un hecho. Ahí está y lo sufren millones de personas en el planeta. Para 2021, el 1 por ciento de la población mundial poseían el 19 por ciento del ingreso y el 32 por ciento de la riqueza del orbe.

En el otro extremo, la mitad de la población del mundo poseía el 8.5 del ingreso y el 2 por ciento de la riqueza, de acuerdo con el Informe sobre la Desigualdad Global 2022.

En México la historia es más aguda. Nuestro país es uno de los más desiguales del mundo.

A diferencia de las grandes economías europeas, asiáticas y norteamericanas, los datos disponibles sugieren que México no experimentó una fuerte reducción de la desigualdad durante el siglo XX. De hecho, la desigualdad de ingresos en México ha sido extrema a lo largo de los siglos pasados y presente”, describe el informe.

“La participación en el ingreso del 10 por ciento superior ha oscilado alrededor del 55-60 por ciento durante ese periodo, mientras que el 50 por ciento inferior se ha mantenido constante en alrededor del 8-10 por ciento, lo que convierte a México en uno de los países más desiguales del mundo”.

Para 2021, por ejemplo, la mitad de la población mexicana no sólo no mejoró su situación, sino que perdió el 0.2 por ciento de su riqueza.

Esos números representan personas de carne y hueso cuyo logro máximo de su día a día es conseguir comida, medicinas o educación para sus hijos y que en marzo no tuvieron ni 2 mil pesos para superar el umbral de la pobreza extrema urbana, o 4 mil pesos, que marcaron el umbral de la pobreza general urbana.

Son personas que padecen el sufrimiento evitable mencionado por Agustín Coppel Luken en su mensaje inaugural del Summit 2022 convocado por lap>Vivimos una época en la que es urgente y posible escribir el proyecto de la sociedad del futuro inmediato sobre fundamentos socioambientales y evidencia técnica, y son los privilegiados quienes pueden hacerlo.

La conciencia ética del privilegio es quizá lo que se necesita para impulsar esa nueva realidad racional y humana, justa para todas las personas que coexistimos y nos interrelacionamos en una sociedad.

Por lo tanto, requerimos consensuar el fin de la sociedad, su propósito. Preguntarnos, ¿para qué es la sociedad? Entonces, alinear los medios y acciones necesarios para conseguirlo. Porque no todos los medios ni todas las acciones para acabar con la pobreza o detener la devastación ambiental son éticos, como por ejemplo la concentración del poder político en una oligarquía. 

Este ejercicio necesariamente tiene que realizarse con base técnica para ahuyentar dogmas ideológicos y religiosos. Es decir, esas verdades que tomamos como verdaderas por sí mismas, sin que en la realidad exista evidencia de sus afirmaciones. Es una condición democrática.

Pero no todos tenemos el poder para una empresa de transformación social.

Partamos primero de dos hechos verdaderos y verificables: la desigualdad y la semántica en torno al privilegio.

El sufrimiento evitable: la desigualdad

La desigualdad es un hecho. Ahí está y lo sufren millones de personas en el planeta. Para 2021, el 1 por ciento de la población mundial poseían el 19 por ciento del ingreso y el 32 por ciento de la riqueza del orbe.

En el otro extremo, la mitad de la población del mundo poseía el 8.5 del ingreso y el 2 por ciento de la riqueza, de acuerdo con el Informe sobre la Desigualdad Global 2022.

En México la historia es más aguda. Nuestro país es uno de los más desiguales del mundo.

A diferencia de las grandes economías europeas, asiáticas y norteamericanas, los datos disponibles sugieren que México no experimentó una fuerte reducción de la desigualdad durante el siglo XX. De hecho, la desigualdad de ingresos en México ha sido extrema a lo largo de los siglos pasados y presente”, describe el informe.

“La participación en el ingreso del 10 por ciento superior ha oscilado alrededor del 55-60 por ciento durante ese periodo, mientras que el 50 por ciento inferior se ha mantenido constante en alrededor del 8-10 por ciento, lo que convierte a México en uno de los países más desiguales del mundo”.

Para 2021, por ejemplo, la mitad de la población mexicana no sólo no mejoró su situación, sino que perdió el 0.2 por ciento de su riqueza.

Esos números representan personas de carne y hueso cuyo logro máximo de su día a día es conseguir comida, medicinas o educación para sus hijos y que en marzo no tuvieron ni 2 mil pesos para superar el umbral de la pobreza extrema urbana, o 4 mil pesos, que marcaron el umbral de la pobreza general urbana.

Son personas que padecen el sufrimiento evitable mencionado por Agustín Coppel Luken en su mensaje inaugural del Summit 2022 convocado por la >Vivimos una época en la que es urgente y posible escribir el proyecto de la sociedad del futuro inmediato sobre fundamentos socioambientales y evidencia técnica, y son los privilegiados quienes pueden hacerlo.

La conciencia ética del privilegio es quizá lo que se necesita para impulsar esa nueva realidad racional y humana, justa para todas las personas que coexistimos y nos interrelacionamos en una sociedad.

Por lo tanto, requerimos consensuar el fin de la sociedad, su propósito. Preguntarnos, ¿para qué es la sociedad? Entonces, alinear los medios y acciones necesarios para conseguirlo. Porque no todos los medios ni todas las acciones para acabar con la pobreza o detener la devastación ambiental son éticos, como por ejemplo la concentración del poder político en una oligarquía. 

Este ejercicio necesariamente tiene que realizarse con base técnica para ahuyentar dogmas ideológicos y religiosos. Es decir, esas verdades que tomamos como verdaderas por sí mismas, sin que en la realidad exista evidencia de sus afirmaciones. Es una condición democrática.

Pero no todos tenemos el poder para una empresa de transformación social.

Partamos primero de dos hechos verdaderos y verificables: la desigualdad y la semántica en torno al privilegio.

El sufrimiento evitable: la desigualdad

La desigualdad es un hecho. Ahí está y lo sufren millones de personas en el planeta. Para 2021, el 1 por ciento de la población mundial poseían el 19 por ciento del ingreso y el 32 por ciento de la riqueza del orbe.

En el otro extremo, la mitad de la población del mundo poseía el 8.5 del ingreso y el 2 por ciento de la riqueza, de acuerdo con el Informe sobre la Desigualdad Global 2022.

En México la historia es más aguda. Nuestro país es uno de los más desiguales del mundo.

A diferencia de las grandes economías europeas, asiáticas y norteamericanas, los datos disponibles sugieren que México no experimentó una fuerte reducción de la desigualdad durante el siglo XX. De hecho, la desigualdad de ingresos en México ha sido extrema a lo largo de los siglos pasados y presente”, describe el informe.

“La participación en el ingreso del 10 por ciento superior ha oscilado alrededor del 55-60 por ciento durante ese periodo, mientras que el 50 por ciento inferior se ha mantenido constante en alrededor del 8-10 por ciento, lo que convierte a México en uno de los países más desiguales del mundo”.

Para 2021, por ejemplo, la mitad de la población mexicana no sólo no mejoró su situación, sino que perdió el 0.2 por ciento de su riqueza.

Esos números representan personas de carne y hueso cuyo logro máximo de su día a día es conseguir comida, medicinas o educación para sus hijos y que en marzo no tuvieron ni 2 mil pesos para superar el umbral de la pobreza extrema urbana, o 4 mil pesos, que marcaron el umbral de la pobreza general urbana.

Son personas que padecen el sufrimiento evitable mencionado p


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