De 'Topo Cola' a Coca-Cola, una historia de éxito ocurrida en México
Los empresarios Manuel Barragán y Leónidas Páez son los protagonistas de una historia de éxito que inició en los años 20's

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Una historia de éxito y superación gira entorno de las empresas Topo Chico, Topo Cola y The Coca-Cola Company en México, esta inició desde los años 20's y dos de los protagonistas es el empresario Manuel Barragán y Leónidas Páez.
La historia del empresario Manuel Barragán
En octubre de 1905, Manuel Barragán ingresó a Cervecería Cuauhtémoc, para trabajar como mensajero . Su día laboral empezaba a las 7 de la mañana y solía terminar a las 8 de la noche.
“Disponíamos los empleados de una hora de asueto al mediodía para poder ingerir algún alimento ligero; lo hacíamos en los arbolados jardines que están todavía al frente de la fábrica; pero como esto lo realizábamos rápidamente, quedaba tiempo para tomar clases de taquigrafía que impartía con gran generosidad, entre los empleados jóvenes de la Cervecería, el también Jefe de Correspondencia en una de las Secciones de Ventas, don Carlos B. Tijerina, hombre muy formal, dueño de una gran bondad, de enorme actividad y dinamismo”, recuerda en su autobiografía.
El joven mensajero destacó como taquígrafo y mecanógrafo. Pasó al departamento de publicidad, hasta que llegó a ocupar la jefatura.
El hecho de que llegara yo a escalar tal Jefatura se debió a que observando don Francisco G. Sada mi necesidad y afán de mejorar, me había costeado un curso de publicidad por correspondencia, a través de una institución norteamericana”.
Las cosas iban muy bien en su carrera profesional. Pero en 1914 entran a Monterrey las fuerzas carrancistas, y ordenan la incautación de la Cervecería.
Reunieron a todos los empleados, y les pidieron que siguieran trabajando.
“…nos ofrecieron jugosos aumentos en los sueldos de que disfrutábamos, ya que ‘la Revolución traía el firme propósito de acabar con la inicua explotación de trabajadores y empleados y de acelerar el progreso de todas las industrias’. Muchos de mis compañeros de trabajo aceptaron la oferta y otros optaron por adherirse al movimiento revolucionario”, cuenta.
“Había hecho yo mis primeras armas en los campos del trabajo, en la Cuauhtémoc; en esa empresa aprendí a prepararme para luchar en la vida; era inmensa mi gratitud hacia mis jefes y hacia la mayoría de los demás Directivos de la empresa y se presentaba ante mi el inquietante dilema; cometer una falta de lealtad para poder continuar contando con ingresos para contribuir al sostenimiento de mi madre y mis hermanos, o bien quedar en la calle. Sin grandes vacilaciones opté por esto último”.
Se quedó desempleado.
Llega a Topo Chico
Su amigo Leónidas Páez había conseguido trabajo en Compañía Embotelladora Topo Chico. Lo recomendó, y al poco tiempo Barragán ingresó a dicha empresa.
Se dio cuenta que urgía diferenciar las marcas. Era un mercado en el que los consumidores acostumbraban “pedir una soda”, sin necesariamente distinguir una bebida de otra. Rápidamente creó y lanzó nuevos productos, enfatizando siempre la marca y por qué se trataba de algo diverso en el mercado.
Cuando los propietarios de Topo Chico se enfrentaron a una serie de dificultades, unos años más tarde, se vieron en la necesidad de dejar la empresa. Llegaron a un acuerdo con sus dos empleados clave — Páez y Barragán — para que éstos pudieran adquirir la embotelladora.

Barragán había ya lanzando un refresco de manzana — Topo Néctar— y también una bebida llamada Topo Negra (que sería prácticamente medicinal). Pero la gran apuesta sería Topo Cola. Sabía que hacia allá se movería el gusto del consumidor, y había que estar ahí. Sí o sí.
Apenas unas semanas de haber comenzado a vender Topo Cola, se le ocurrió mandar unas muestras a The Coca-Cola Co. Quería que supieran que, ante su repetida negativa, habían optado por desarrollar su propia versión.
Más se tardaron las muestras y nuestra carta en llegar a Atlanta, que en que se nos apersonara en nuestras oficinas un enviado especial de dicha compañía, un apellidado señor Estes, corpulento y jovial, indicándonos tener instrucciones de entrar en pláticas para la celebración de un buen arreglo”.
Topo Cola se convierte en embotelladora de Coca-Cola
Topo Cola no trascendió; en su lugar Topo Chico se convirtió en embotellador de Coca-Cola. Los jóvenes empresarios estaban emocionados y se enfocaron en impulsar la marca en toda la región.
Al poco tiempo, regresan los ejecutivos de Coca-Cola a proponerles la franquicia también para la zona de Tampico.
“Desgraciadamente, nuestros recursos económicos eran sumamente raquíticos y no existiendo en aquellos tiempos las facilidades de crédito que hoy existen, nos resultó imposible aceptar la proposición aludida, a pesar de que se trataba entonces de dos de los más importantes mercados del país en lo que respecta a la venta de refrescos”.
Y es que aunque la marca crecía ya alrededor del mundo, en aquel momento en nuestro país era mayor el entusiasmo de los nuevos socios, que las ventas.
“...seguían siendo tan raquíticos los resultados económicos de nuestra pequeña industria, tan pobres nuestros recursos y tan crecientes nuestros apremios, ya con sendas familias, que llegó un momento en que fue necesario que dedicara yo la mitad de mi tiempo, a trabajos ajenos al negocio, mientras Páez consagraba todos sus esfuerzos a la Embotelladora”.
En 1929, Barragán tuvo que dejar de trabajar en Topo Chico. Su propia empresa no contaba con suficientes recursos para pagar el sueldo de los dos “ejecutivos”.
Aceptó una oferta de trabajo que le llegó de la CDMX: sería el nuevo director general del periódico Excélsior.
Después de más de 10 años como periodista, regresó a Monterrey en 1940, cuando falleció su amigo y socio, Leónidas. Entonces Barragán le compró a sus herederos su parte, y se quedó así como único accionista de Topo Chico: una empresa que décadas más tarde sería rebautizada como PROCOR y que — después de una serie de fusiones y adquisiciones — terminaría convirtiéndose en Arca Continental.
Arca Continental, una gran triunfo
En 2021, Arca Continental le pagó a The Coca-Cola Company más de $1,700 millones de dólares para usar sus marcas y para comprarle la fórmula con la que se elabora la Coca-Cola. Un monto así es equivalente al 5% de las ventas totales de la empresa de Atlanta.

Más importante aún: con el nuevo acuerdo recientemente celebrado entre The Coca-Cola Company y sus embotelladoras, ésta se beneficiará aún más del crecimiento de empresas como Arca, que tan solo en 2021 registró ventas de más de $9 mil millones de dólares.
Y para terminar de cerrar el círculo, en 2017 The Coca-Cola Company le pagó $220 millones de dólares a Arca Continental para quedarse con la marca Topo Chico. La marca de agua mineral se ha convertido en una de sus consentidas, creciendo agresivamente ya no solo en todo México, sino también en EUA y Europa.
Con información de “Fue por México”, la autobiografía de Manuel L Barragán y “La Industria Refresquera en Monterrey: el caso del agua mineral Topo Chico”, de Eduardo Guardado, publicado en la revista Humanitas.
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