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Barrancos

Una carreta de tacos, paciencia y determinación sentaron las bases del futuro de Sarita y Víctor Manuel

Hace 31 años la pareja decidió emprender y darle una mejor vida a su familia.

Una carreta de tacos, paciencia y determinación sentaron las bases del futuro de Sarita y Víctor Manuel

Víctor Manuel López Álvarez y Sara Acuña Fonseca son un matrimonio que a base del esfuerzo y dedicación han logrado salir adelante y ser un ejemplo de perseverancia entre los vecinos de Villaverde.

Para esta pareja no ha sido sencillo tener lo que ahora poseen. Cuando decidieron emprender su negocio, lo hicieron con más temor que seguridad, pero siempre confiando en que se vive un día a la vez.

Sarita recuerda que eran muy jóvenes cuando se aventuraron juntos.

“Mi esposo fue el que inició muy joven. Cuando estaba en la prepa le ayudaba a su hermana en una taquería. Así fue como inició su aventura en esto de los tacos”, dice con honra.

Así mismo, cuando iniciaron vida juntos a los 20 años, Víctor tenía la necesidad de proveer para su joven familia, por lo que tuvo el deseo de poner una carreta de tacos.  A fin de cuentas, “ya tenía experiencia”.

Ante ese deseo, su mamá estuvo dispuesta a apoyar a su hijo en este emprendimiento. Le compró todo lo que necesitaba. Una carreta, loza, un brasero y hasta su hermana lo ayudó a encontrar el punto para trabajar. Y así fue como empezaron.

“Me acuerdo que antes en Barrancos no había nada. Todo era cimientos. No había casas, era un callejón y eso era Barrancos. Esta colonia solo eran cuatro cuadras y acababa”, dice Sarita al recordar que hace 30 años que iniciaron con su carretita de tacos, Barrancos era lo último de Culiacán.

Ahora, con el paso de los años Barrancos es todo un sector con una economía creciente.

“La verdad que empezar no fue fácil. Nosotros empezamos en la mitad de Las Torres; luego el vecino se molestó porque nuestra carreta le quitaba la vista a su casa y nos pidió que nos moviéramos. Después, nos fuimos para enfrente y el otro vecino se molestó porque decía que la gente platicaba mucho y nos pidieron que nos fuéramos. Terminamos llegando a este lugar en donde estamos. Era una casa abandonada y no había a quién molestar”, dice Sarita al recordar lo complicado que se volvió encontrar un punto en donde establecer su carreta de tacos.

Con el tiempo, la buena fortuna les sonrió. Esa casa abandonada a donde llegaron a encontrar refugio, se convirtió en su hogar y en su negocio.

Un día cualquiera llegó hasta el lugar uno de los gestores bancarios que buscaba a los dueños para llegar a un acuerdo y en su caso, vender la propiedad.

“Las cosas se fueron dando solas, Nos quedamos sin carro, vendimos todo lo que teníamos de valor; pedimos prestado y al fin logramos comprar la casa”. Sarita, Víctor y sus dos hijos ya tenían un hogar y un negocio para salir adelante.

Con mucha batalla; como asegura, es que han logrado mantenerse, y es que entre sus recuerdos trae a cuenta como es que ella, siendo una joven madre estaba temerosa cuando su esposo se mantenía firme para continuar con el negocio.

“La verdad si fue muy difícil empezar. Para iniciar, vivíamos en la Salvador Alvarado, no teníamos carro propio, usábamos una camionetita muy viejita de su papá que luego nos dejaba tirados y teníamos que andar buscando raite, luego teníamos que cruzar arroyos crecidos y le batallamos mucho”, dice con melancolía.

Pero no solo eso. Aquel primer día fue inolvidable para Sarita. “Nunca se me va a olvidar que el primer día que venimos a trabajar, vendimos 4 tacos y un vaso con agua”, dice entre risas.

“Al otro día, otro poquito, y yo, ya me quería ir a trabajar. Teníamos a mi hijo mayor de tres meses cuando empezamos y ya me había desesperado; decía, hay que buscar trabajo en otra parte. Pero él nunca se desesperó. Siempre paciente”, dice, y efectivamente; gracias a la perseverancia de Sarita y Víctor Manuel es que han logrado obtener muchas satisfacciones.

Así fue como con todo ese esfuerzo Sarita y Víctor Manuel lograron darles a sus hijos una carrera profesional y ahora los ven realizados.

“Tenemos dos hijos, Denis Paúl y Ulises; ellos crecieron aquí, cuando llegábamos de la escuela, yo me sentaba a hacer tarea con ellos antes de empezar a trabajar. Luego por las noches los dormíamos en la camioneta, les hacíamos un tendido, les poníamos un abanico y prácticamente aquí crecieron, batallando junto con nosotros”, dice con nostalgia al recordar a sus hijos de pequeños y reconociendo el sacrificio que a los niños les tocó pasar junto a sus padres.

Hoy, esos dos niños ya son adultos que han logrado obtener sus licenciaturas en Informática y en Cultura Física respectivamente. Sus logros son para Sarita y Víctor Manuel una de sus mayores satisfacciones.

Porque a pesar que con una carreta de tacos lograron sacarlos adelante, ellos buscan para sus hijos una vida mejor.

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