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Desde muy pequeño Cristhian Tapia Viera dejó en claro que tiene determinación y claridad en sus objetivos.
El futbolista, nacido en Mazatlán, empezó a jugar desde los 4 años de edad y aunque tuvo una gran influencia beisbolera por parte de su familia materna, decidió que quería practicar futbol como su papá.
Y cuando llegó la hora de decidir qué posición quería jugar en un equipo sin dudarlo eligió ser portero, aunque sus primeros entrenadores e incluso en su familia le sugerían jugar en el campo y lo acomodaban como defensa central en sus primeros partidos, él se impuso y es portero desde los 6 años de edad.
Hoy, a sus 21 años, Cristhian ha recorrido un largo camino en la práctica del futbol. Desde torneos estatales representando a Mazatlán hasta la segunda división profesional en donde está a punto de debutar con Saltillo Soccer en la Liga Premier. 
Pasando por las fuerzas básica de los Tuzos del Pachuca y del Mazatlán FC, donde formó parte de una generación que vio nacer y desaparecer al equipo cañonero en el puerto.
En entrevista con Tus Buenas Noticias, antes de mudarse a Saltillo para iniciar su participación con el equipo de esa ciudad, Cristhian platica un poco de su historia, de lo complicado que ha sido el camino, pero también la satisfacción de alcanzar metas y continuar luchando por sus sueños en el deporte.
“Desde los 6 años soy portero, aunque de repente me metía a jugar en el campo en algunos partidos. Desde el primer estatal que jugué me tocaron tandas de penales y paré algunos”, recuerda.
Al mostrar que su instinto no estaba equivocado y que tenía aptitudes sobresalientes como portero, Cristhian empezó a entrenar en su equipo Pachuca Mazatlán con un entrenador especial para su posición en la cancha.
Aprendió técnicas y tuvo acondicionamiento físico que le permitió mejorar como guardameta, lo que le valió ganar reconocimiento en el medio futbolístico local y trofeos como portero menos goleado en los torneos a los que asistía.
Formación y disciplina en fuerzas básicas
A los 10 años llegó a Cristhian su primera oportunidad en fuerzas básicas, luego de ser visoreado en Mazatlán por el Club Pachuca, se mudó al centro del Alto Rendimiento Tuzo (ART) donde vivió casi tres años, un proceso difícil para un pequeño que tiene que dejar a su familia para ir a perseguir un sueño.
“Al inicio si me costó muchísimo porque yo siempre he sido muy apegado a mi familia, los primeros días fueron durísimos, no dejaba dormir a mi compañero de cuarto por tanto que lloraba”, dice conmovido al recordar cómo se sentía.

Con los meses, el portero se fue adaptando a la rutina del ART, sus compañeros mazatlecos lo hacían sentir un poco más cerca de casa y sus ganas de ser futbolista profesional encontraban eco en los sueños de todos los integrantes de su equipo.
La familia de Cristhian, desde Mazatlán, lo animaba y hacía grandes esfuerzos por visitarlo con frecuencia para verlo jugar y acompañarlo mientras él seguía desarrollando sus habilidades en Pachuca.
“Mis papás iban normalmente una vez cada dos meses, es un gasto que se hace, eran muchos sacrificios para poder ir a verme, iban mis papás o mi abuelo y yo venía de vacaciones cada seis meses”, explica.
Al paso de casi tres años, el club lo dio de baja y regresó a Mazatlán, ese fue el primer golpe fuerte que Cristhian, quien apenas cumpliría 13 años, recibió del futbol.
“Regresar a Mazatlán fue muy duro estaba decepcionado tenía 13 años y quería dejar de jugar, le dije a mis papás voy a jugar, pero ya no quiero hacer visorias ya no quiero jugar profesionalmente”.

Con el Mazatlán FC de principio a fin
Pasaron dos años para que el joven decidiera hacer una visoría de nuevo, sin estar completamente convencido acudió a Tijuana pues los Xolos lo buscaron para probarlo, pero coincidió con la época en la que nació el Mazatlán FC, donde Cristhian encontró un lugar y se quedó hasta el final del proyecto.
“Estuve entrenando con el equipo en la sub 15 y me dijeron que iba a firmar para la sub 17, firmé por 2 años jugaba con las dos categorías y ya empezaba a ver lo que eran los viajes y las concentraciones”, dice con emoción.
Los siguientes años fueron de altibajos para el portero mazatleco. Aunque nunca dejó de entrenar y dar lo mejor de sí para aportar al equipo, hubo temporadas en las que tenía poco juego y otras en las que era constante en la cancha y con buenos resultados.
“Al brincar a la sub 18 me quedé un año sin jugar, era banca, seguía entrenando tratando de dar lo mejor de mí, al siguiente año, seguía en la sub 18 e hicimos buen torneo con un entrenador que me dio la confianza y jugué 17 de los 17 juegos”, dice.
Hace unos meses llegó a los jugadores de fuerzas básicas la noticia de que el Mazatlán FC se había vendido, su último torneo reflejó en la cancha y en los resultados el desaliento de los jóvenes que terminaron en último lugar de la tabla. 
Cristhian recuerda que sus últimos dos partidos, en casa y como visitante, fueron de sentimientos encontrados. Ganaron frente a su afición y perdieron contra Tigres, en ambos encuentros su desempeño fue bueno, recibió felicitaciones, pero estas no borraron el sabor amargo de la despedida.
“Fue muy complicado, es un golpazo que te dan anímicamente. Yo sabía que siempre iba a estar mi familia atrás de mí respaldándome, pero los demás estaban aquí lejos de su familia”.
Al regresar a Mazatlán después de su último partido llegó el golpe de realidad y la pregunta de todos los que lo conocen, y ahora, ¿qué vas a hacer?, Cristhian sentía la presión de no tener respuestas.
Los siguientes dos meses el joven pensó en las posibilidades, su corazón le indicaba el camino del futbol, sin embargo, también pensó en inscribirse en la universidad y buscar un trabajo para empezar una nueva etapa en su vida.
Nuevas oportunidades para perseguir un sueño
Pero el futbol lo volvió a encontrar, una llamada desde Saltillo lo regresó al camino del deporte y hoy pertenece al Saltillo Soccer, que recién ascendió a la Liga Premier de Segunda División del futbol mexicano y lo consideró para reforzar su plantilla.
“Ahora con Saltillo el profe Christian Ramírez ex director de fuerzas básicas del Mazatlán FC dio buena referencia de mí, así que me contactaron y me dijeron que me querían para que jugara con ellos”, afirma con orgullo.

Hoy Cristhian ya está instalado en Saltillo, una vez más lejos de su familia y de su tierra, pero ahora con más madurez, con un camino recorrido y la convicción de que continúa persiguiendo su sueño.
“Voy a volver a dejar a mi familia, es un sacrificio que uno está haciendo para que me vaya bien y la expectativa que tengo es que el equipo pueda ascender a la liga de expansión para estar un pasito más cerca de la primera división”, asegura.
Al final, la vida de Cristhian nos enseña que el fútbol no es solo un deporte, sino una lección constante de resiliencia.
Como todo gran guardameta, él ha aprendido que caer es inevitable, pero levantarse es una elección; y cada vez que decide volver a ponerse los guantes, nos demuestra que los sueños no se abandonan.
Hoy, con la esperanza renovada en Saltillo, Cristhian no solo persigue un ascenso en la liga, sino que se reafirma como el protagonista de su propia historia, recordándonos que, mientras haya pasión en el corazón, ninguna meta es inalcanzable.









