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La Cruz de Elota, Sinaloa. - En una de las bancas de La Plazuela, la Cruz de Elota, rodeado por el aleteo constante de decenas de pichones, se encuentra cada tarde José Manuel Peña Ortiz, un hombre de 75 años cuya generosidad se ha convertido en una escena cotidiana para quienes frecuentan este espacio público.
Aunque vive cerca del Hospital General y debe recorrer una distancia considerable para llegar, José Manuel asegura que no puede permanecer mucho tiempo en casa y que prefiere adquirir el alimento, que tomarse un refresco que solo le hace daño señala.
“Yo solo me vengo”, dice con sencillez, mientras observa cómo las aves se acercan a comer el grano rojo que les compra diariamente.

La rutina diaria de un hombre que cuida a las aves
Desde hace dos años y medio mantiene esta rutina. Cada día invierte entre 30 y 35 pesos en alimento, el cual adquiere en un establecimiento donde venden productos para ganado y aves. Su motivación es simple, pero profunda:
“Porque ellos tienen hambre”.
Con esa frase resume el cariño y la empatía que siente por estas aves de La Plazuela, a quienes considera seres vivos que también necesitan atención y alimento.
José Manuel reconoce que prefiere destinar su dinero a alimentar a las aves antes que dar limosna a personas que, asegura, podrían utilizarla de manera inadecuada.
“Yo mejor le doy a los pichones”, comenta con firmeza.
Además de la comida, le preocupa que las aves tengan acceso al agua. Recuerda que antes podían beber en dos fuentes ubicadas en la plaza, pero desde hace tiempo dejó de funcionar.

La importancia del agua para las palomas en La Plazuela
“Si la fuente estuviera arreglada, ahí tomaban agua”, señala.
Actualmente, los pichones buscan pequeños charcos formados por el agua que escurre de los aparatos de aire acondicionado cercanos.
Por ello, José Manuel hace un llamado a las autoridades para rehabilitar las dos fuentes del lugar, pues considera que no solo embellecerían el espacio, sino que también beneficiarían a las aves que habitan la zona.
Aunque menciona que, él se ha convertido en uno de sus principales cuidadores. Incluso entiende las molestias que algunas personas expresan por los desechos que dejan las aves, pero responde con naturalidad:
“Son animalitos… es fauna silvestre”.
Compromiso y empatía: el legado de don José Manuel
La historia de José Manuel Peña Ortiz demuestra que los actos de bondad no necesitan grandes escenarios.
A veces basta con una bolsa de grano, una banca en la plaza y la voluntad de ayudar a quienes no pueden pedirlo con palabras.
Cada tarde, mientras estas aves revolotean a su alrededor, José Manuel confirma que la solidaridad también puede tener alas.











