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Padre e hijo se gradúan juntos en COBAES y demuestran que nunca es tarde para estudiar

Luis Gilberto y Luis Ángel transformaron una decisión que parecía alejarlos de las aulas en una historia de esfuerzo compartido. Hoy, tras concluir juntos el bachillerato en COBAES 27, inspiran a creer que la educación puede cambiar el futuro de toda una familia

3 julio, 2026
Un abrazo que resume años de esfuerzo compartido. Padre e hijo celebran juntos una meta que fortaleció su vínculo y les cambió la vida. Foto: COBAES
Un abrazo que resume años de esfuerzo compartido. Padre e hijo celebran juntos una meta que fortaleció su vínculo y les cambió la vida. Foto: COBAES

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Culiacán, Sinaloa. - En ocasiones, una conversación entre padre e hijo puede cambiar el rumbo de una vida. Para Luis Gilberto Ballesteros Medina y su hijo, Luis Ángel, aquella charla en la que el joven expresó su deseo de dejar los estudios para comenzar a trabajar terminó convirtiéndose en el inicio de una historia de perseverancia, amor familiar y superación que hoy inspira a otros a no renunciar a sus sueños.

Más que un recuerdo de graduación, esta fotografía refleja una promesa cumplida: estudiar juntos y demostrar que los sueños no tienen edad. Foto: COBAES
Más que un recuerdo de graduación, esta fotografía refleja una promesa cumplida: estudiar juntos y demostrar que los sueños no tienen edad. Foto: COBAES

Padre estudió el bachillerato junto a su hijo y hoy ambos cumplen su sueño

Al concluir la secundaria, Luis Ángel pensó que incorporarse al mundo laboral era la mejor opción. Su argumento parecía sencillo: su padre no había terminado la preparatoria y, aun así, tenía un empleo estable. Sin embargo, Luis Gilberto conocía de primera mano las dificultades que implica enfrentar la vida profesional con estudios inconclusos.

Lejos de imponer una decisión, hizo una propuesta que transformaría el destino de ambos: estudiar juntos el bachillerato en el plantel 27 "Lic. Rodolfo Monjaraz Buelna" del Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa (COBAES).

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"Cuando mi hijo salió de la secundaria me dijo que quería empezar a trabajar. Me dijo: 'Tú tampoco terminaste la prepa y tienes un buen trabajo'. Entonces le respondí: 'Sí, pero me ha costado mucho y no quiero que tú pases por lo mismo. Vamos a hacer la preparatoria juntos para que la termines y después estudies la carrera que tú quieras'", recordó.


Aquella decisión fue mucho más que una inscripción escolar. Padre e hijo hicieron un pacto de acompañarse durante todo el proceso, compartir responsabilidades y motivarse mutuamente para no abandonar el camino.

Entre tareas, exámenes y horas de estudio nació una sana competencia que fortaleció su relación. Cada logro de uno impulsaba al otro a esforzarse más, convirtiendo el aula en un espacio donde no solo crecían académicamente, sino también como familia.

Hoy ambos celebran haber concluido el bachillerato, convencidos de que nunca es tarde para volver a aprender.

Con orgullo recibe su certificado de bachillerato, convencido de que la educación siempre abre nuevas oportunidades y que el ejemplo también educa. Foto: COBAES
Con orgullo recibe su certificado de bachillerato, convencido de que la educación siempre abre nuevas oportunidades y que el ejemplo también educa. Foto: COBAES

Para Luis Gilberto, obtener su certificado representa una deuda personal saldada y, al mismo tiempo, la oportunidad de seguir preparándose. Su siguiente meta es estudiar Ingeniería Civil, una profesión vinculada con la experiencia que ha adquirido durante años en el sector de la construcción.

Con emoción, invita a quienes dejaron inconclusos sus estudios a darse una nueva oportunidad.

"Siempre hay tiempo para salir adelante. Estudiar abre puertas y también nos demuestra de lo que somos capaces cuando no nos rendimos", expresó.


Luis Ángel también decidió continuar su formación profesional. Después de compartir las aulas con su padre, ahora se prepara para iniciar la licenciatura en Derecho, convencido de que la educación será la mejor herramienta para construir el futuro que anhela.

"Siempre hay tiempo para salir adelante. Estudiar abre puertas y también nos demuestra de lo que somos capaces cuando no nos rendimos", expresó.


Ambos coinciden en que el acompañamiento del personal docente fue fundamental para alcanzar la meta. Más allá de impartir clases, encontraron en la comunidad educativa un respaldo constante que fortaleció su confianza y los animó a seguir adelante cuando surgían los desafíos.

La historia de Luis Gilberto y Luis Ángel demuestra que la educación no solo transforma el futuro de una persona; también fortalece los vínculos familiares, inspira nuevas metas y rompe las barreras que parecían imposibles de superar. Padre e hijo comprobaron que nunca es tarde para volver a las aulas y que, cuando los sueños se recorren de la mano, cada paso acerca a un futuro lleno de oportunidades.


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