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Tenía 76 años y una vida hecha en su rancho… pero la violencia lo obligó a huir y empezar de cero

A sus 76 años, Alberto Rochín tuvo que abandonar El Chaco por la inseguridad. Hoy vive con sus hermanos en una casa improvisada en San Ignacio y obtiene ingresos extra vendiendo nopales casa por casa.

24 junio, 2026
Vivió toda su vida en El Chaco, pero la inseguridad lo sacó de su hogar y hoy sobrevive vendiendo nopales
Vivió toda su vida en El Chaco, pero la inseguridad lo sacó de su hogar y hoy sobrevive vendiendo nopales

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San Ignacio, Sinaloa.-  A sus 76 años, Alberto Rochín Lomas nunca imaginó que tendría que abandonar el lugar donde nació, trabajó y construyó su vida. Originario de El Chaco, recuerda con tristeza el momento en que él, sus hermanos y el resto de los habitantes del poblado se vieron obligados a salir debido a la inseguridad que se registró en la zona durante 2025.

Lo que durante décadas fue una comunidad tranquila dedicada al trabajo agrícola se convirtió en un lugar marcado por la incertidumbre. Numerosas familias tuvieron que abandonar sus hogares.

“Todos los del rancho nos salimos”, recuerda Alberto, quien junto a sus hermanos dejó atrás no solo una vivienda, sino toda una forma de vida.

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Don Alberto se apoya en un bastón para recolectar los nopales que posteriormente saldrá a vender
Don Alberto se apoya en un bastón para recolectar los nopales que posteriormente saldrá a vender

La familia unida ante la adversidad

Alberto no emprendió el camino solo. Junto a él salieron sus hermanos Sabino, Armando y otros familiares cercanos que también tuvieron que desplazarse.

Durante años compartieron el trabajo en el campo, sembrando maíz, ajonjolí y calabazas que les permitían sostenerse económicamente.

La salida de la comunidad significó dejar atrás tierras de cultivo, pertenencias y recuerdos acumulados durante décadas.

De Mazatlán a San Ignacio

Tras abandonar El Chaco, los hermanos buscaron refugio inicialmente en Mazatlán, donde permanecieron con familiares. Sin embargo, las condiciones eran complicadas debido a la cantidad de personas que compartían la vivienda.

Posteriormente, un sobrino les ofreció una pequeña casa en San Ignacio. Aunque el inmueble era sencillo y presentaba múltiples carencias, representó una oportunidad para tener un espacio propio y dejar de depender de otros familiares.

Vivir con lo indispensable

En la cabecera municipal, los hermanos Rochín encontraron refugio en este humilde hogar
En la cabecera municipal, los hermanos Rochín encontraron refugio en este humilde hogar

Actualmente habitan una vivienda improvisada construida con lámina, madera y cartón. La casa carece de servicios básicos como energía eléctrica y agua potable, situación que complica especialmente los días de intenso calor.

Sin ventiladores ni aparatos eléctricos para refrescarse, los hermanos aprovechan las corrientes de aire que llegan al anochecer para hacer más llevaderas las altas temperaturas.

La salud también se convirtió en un desafío.

Además de las dificultades económicas y el desarraigo, la salud representa otro reto importante para la familia.

Uno de los hermanos, Sabino Rochín, enfrenta problemas físicos que prácticamente le impiden caminar. Con el paso de los años, sus piernas han sufrido afectaciones que le provocan fuertes dolores y constantes calambres.

Las pensiones, el sostén de los hermanos

Ante la imposibilidad de seguir trabajando en el campo, los hermanos sobreviven gracias a las pensiones que reciben del programa para adultos mayores.

Aunque reconocen que estos recursos son fundamentales para cubrir gastos básicos, aseguran que el dinero apenas alcanza para enfrentar las necesidades cotidianas.

Los nopales, una fuente de ingresos y entretenimiento

Día a día. don Albrto lucha por llevar el sustento a su hogar para él y sus dos hermanos enfermos
Día a día. don Albrto lucha por llevar el sustento a su hogar para él y sus dos hermanos enfermos

Mientras tanto, Alberto continúa buscando maneras de complementar los ingresos familiares.

Cada día corta nopales, los limpia cuidadosamente, los pica y los embolsa para posteriormente venderlos casa por casa en San Ignacio.

De una cubeta llena obtiene entre ocho y doce bolsas que comercializa a 25 pesos cada una. Cuando logra vender toda la producción, obtiene entre 200 y 250 pesos adicionales.

“Yo me entretengo con esto”, comenta mientras prepara los nopales para la venta.

El dolor de regresar y encontrar el abandono

Hace poco, Alberto regresó a El Chaco para recuperar algunas pertenencias de su vivienda. La visita estuvo marcada por sentimientos encontrados, pues varias de sus cosas habían desaparecido, entre ellas un cilindro de gas y otros objetos de valor.

La esperanza de volver al hogar

Los hermanos Rochín, no pierden las esperanzas de regresar de nuevo a su localidad, El Chaco.
Los hermanos Rochín, no pierden las esperanzas de regresar de nuevo a su localidad, El Chaco.

A pesar de las carencias, la enfermedad y las dificultades económicas, los hermanos Rochín mantienen viva la esperanza de regresar algún día a su comunidad.

Extrañan la tranquilidad del campo, las labores agrícolas y la vida sencilla que llevaban antes de verse obligados a abandonar su hogar.

“No hay como el rancho”, afirma Alberto con convicción.

Mientras esperan que las condiciones mejoren, continúan enfrentando cada día con esfuerzo y dignidad, aferrados al deseo de volver a la tierra donde construyeron su historia y donde aún permanecen sus recuerdos más valiosos.

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