Rosario Sauceda: la reina del DIF Palmito que cosecha amistad y esperanza todos los días en Culiacán
A sus 77 años, Rosario Sauceda encontró en el DIF Palmito un hogar para aprender, crear y compartir al sur de Culiacán. Costurera, cocinera y reina de la primavera, su historia inspira por su fortaleza y alegría


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Culiacán, Sinaloa.- A sus 77 años, Rosario Sauceda camina por las calles de la colonia Industrial Palmito con la misma energía con la que durante décadas levantó un hogar, atendió un abarrote, cosió vestidos, cocinó tamales y cuidó a quienes más amaba.
Originaria de Guamúchil, “Chayito” –como le dicen de cariño– encontró en el DIF Palmito algo más que talleres y actividades: encontró una segunda familia.

Entre clases de computación, yoga, zumba y manualidades, doña Rosario ha construido una red de amistades que la acompañan en una etapa de vida que ella misma decidió vivir con intensidad, agradecimiento y creatividad.
Esa alegría contagiosa la llevó a ser coronada como Reina de la Primavera del DIF Palmito a finales de marzo, un reconocimiento que recibió con orgullo y emoción.
Una vida hecha entre agujas y fogones
Rosario nació el 14 de septiembre de 1949 en Guamúchil viejo, cerca del río Évora, en un hogar donde aprendió desde niña el valor del trabajo. Su mamá era costurera y ella creció literalmente entre telas, hilos y el sonido del pedal de la máquina de coser.
“Quita ese botón, pon este botón, haz esta bastilla”, recuerda que le decía su madre cuando apenas era una niña. Así comenzó una pasión que nunca abandonó.
Con apenas ocho años ya confeccionaba prendas sencillas y en la escuela ganó un concurso de costura elaborando una canastilla de bebé. Más adelante perfeccionó el oficio observando revistas y catálogos para recrear vestidos y diseños que primero probaba en ella misma.
A lo largo de su vida cosió vestidos de primera comunión, de quince años y de novia para sus hijas y nietas. También bordó, pintó telas, elaboró colchas y confeccionó disfraces y atuendos especiales.
Pero la costura no fue su único talento.
Durante años sostuvo un abarrote familiar mientras preparaba tamales, tortillas de harina, tostadas, menudo, frijoles puercos, capirotada y distintos platillos que vendía entre vecinos y abonados. Las jornadas comenzaban desde la madrugada y terminaban entrada la noche, cuando todavía tomaba aguja e hilo para cumplir encargos.

“No me gusta estar quieta”, dice entre risas para Tus Buenas Noticias.
El duelo que la trajo a Culiacán
Hace nueve años, después de enviudar, Rosario dejó Guamúchil para mudarse a Culiacán y ayudar a cuidar a un primo enfermo. La decisión llegó en uno de los momentos más difíciles de su vida, pero también abrió la puerta a una nueva etapa.
Tiempo después comenzó a pasar diariamente frente al DIF Palmito mientras hacía sus vueltas cotidianas. Un día decidió entrar para preguntar si podía integrarse a algún taller, “aunque no fuera pensionada ni jubilada”.
La respuesta fue sí. Desde entonces, hace ya cuatro años, el lugar se convirtió en un refugio emocional y creativo.
Primero tomó manualidades. Luego yoga, zumba, inglés y actualmente computación. Rosario reconoce que la tecnología le parecía imposible al principio, especialmente cuando veía que sus bisnietos manipulaban teléfonos celulares con facilidad mientras ella apenas aprendía a contestar llamadas.
“¿Cómo va a ser que mis nietos de un año sepan y yo no pueda?”, pensó.
Hoy sigue aprendiendo poco a poco. Dice que no se desespera porque entiende que cada conocimiento requiere tiempo, paciencia y ganas de intentarlo.

Compartir también es una forma de amar
Quienes conviven con ella en el DIF la describen como una mujer generosa, alegre y siempre dispuesta a ayudar. Rosario suele regalar servilletas pintadas a mano, bolsas de tela hechas por ella misma o pequeños detalles confeccionados con las telas que conserva desde hace años.
Si cocina tamales, comparte. Si aprende algo nuevo, lo enseña. Si alguien necesita apoyo, procura estar ahí. Esa actitud nació de una vida marcada tanto por el trabajo como por el cuidado de los demás.
Rosario acompañó a una de sus hijas durante una larga batalla contra el cáncer de mama. Vivió con ella en La Paz, la cuidó durante tratamientos y posteriormente regresó para atenderla hasta sus últimos días.
También ha acompañado a hermanos, familiares y personas enfermas en hospitales y momentos difíciles. “Dios me dio ese don de ayudar”, afirma.
La reina de la primavera
La coronación como Reina de la Primavera del DIF Palmito llegó como una muestra del cariño que ha sembrado entre compañeras y maestras.
Rosario suele confeccionar vestidos especiales para cada celebración. En septiembre, por ejemplo, acostumbra vestirse de Adelita con trajes diseñados y bordados por ella misma.
Para ella, el reconocimiento es la confirmación de que nunca es tarde para comenzar otra vez, hacer amistades nuevas y seguir construyendo recuerdos felices.
“Quiero disfrutar cada día”
A sus 77 años, Rosario habla de la vida con una mezcla de serenidad y valentía. Ha enfrentado pérdidas profundas: la muerte de su esposo, de su hija, de hermanos y familiares cercanos. Sin embargo, decidió no quedarse atrapada en el dolor.
“Yo trato de ser feliz cada día de mi vida y disfrutarlo”, expresa.
Por eso se arregla para salir, aprende cosas nuevas y mantiene su rutina activa. Porque, como dice ella misma, nadie tiene asegurado el mañana.
Rosario Sauceda se convirtió, sin proponérselo, en ejemplo de resiliencia, solidaridad y ganas de vivir.














