El sueño que no pudo cumplir de niño hoy lo regala a otros: José de Jesús ‘El Güero’ Sicairos forma valores y construye paz a través del fútbol en Culiacán
José de Jesús Sicairos Avilez dedica sus tardes a entrenar gratuitamente a niñas y niños en la cancha de pasto sintético del bulevar Agricultores en Culiacán, donde el deporte se convierte en una herramienta para fortalecer la disciplina, fomentar la sana convivencia y ayudar a nuevas generaciones a creer en sus sueños


¿Quieres resumir esta nota?
Culiacán, Sinaloa. - Mientras decenas de niñas y niños corren, ríen y persiguen un balón sobre la cancha de pasto sintético del bulevar Agricultores, José de Jesús Sicairos Avilez observa una escena que durante su infancia parecía imposible.
En cada sonrisa, en cada jugada y en cada sueño que inicia a tomar forma, ve reflejada la oportunidad que él nunca tuvo. Por eso, más que enseñar fútbol, dedica sus tardes a abrir caminos, inspirar a nuevas generaciones y demostrar que los sueños pueden comenzar a construirse desde una cancha de barrio.

Con un balón y mucho corazón: José de Jesús Sicairos Avilez transforma vidas desde una cancha en Culiacán
Cada mañana, José de Jesús trabaja en un negocio familiar de venta de tamales y tortillas de harina en la colonia Vista Hermosa.
Pero cuando termina la jornada laboral, desde hace más de cuatro meses, dedica sus tardes de manera voluntaria a entrenar a niñas y niños, convencido de que cada entrenamiento es una oportunidad para fortalecer valores, alejar riesgos y ayudar a que nuevas generaciones persigan sus sueños.
No recibe un salario por hacerlo. Tampoco busca aplausos ni reconocimientos. Su recompensa es mucho más sencilla e inspiradora: ver a los pequeños correr, sonreír y descubrir que son capaces de alcanzar sus metas.
“El Güero”, como lo conocen con cariño, creció con un sueño que parecía imposible: practicar fútbol en una cancha digna y contar con las oportunidades necesarias para desarrollar su talento.
Pero su realidad fue muy distinta. Durante su niñez jugó en terrenos de tierra, entre piedras y carencias, sin acceso a espacios adecuados ni a programas deportivos que le permitieran alcanzar todo su potencial.

Cuando vio terminada la cancha de pasto sintético, sintió que estaba contemplando algo que durante años parecía reservado para otros sectores de la ciudad. Aquella imagen despertó al niño que alguna vez soñó con jugar en un espacio así y le recordó que ahora podía ayudar a que otros sí vivieran esa oportunidad.
"Jamás imaginé que en nuestro sector se construyera una cancha tan bonita. Para mí era un sueño guajiro", manifestó.
Al enterarse de que el Instituto Municipal del Deporte y la Cultura Física (IMDEC) impulsaría una escuelita de fútbol, decidió acercarse de inmediato y ofrecer su ayuda como voluntario. Desde entonces, su compromiso ha ido mucho más allá de enseñar a patear un balón.
Un legado aprendido en casa. “El Güero" Sicairos aseguró que su vocación de servicio nació en su hogar. Sus padres, Verónica Avilez y Miguel Sicairos, le enseñaron desde pequeño que ayudar a los demás no siempre implica aportar dinero; muchas veces significa regalar tiempo, esfuerzo y solidaridad.
"Me gusta mucho ayudar, lo hago con gusto y con todo el corazón. Es un valor que me inculcaron mis padres desde pequeño, especialmente mi mamá, quien siempre ha sido una persona muy servicial”, compartió.

El vecino de la colonia Vista Hermosa narró que su madre fue una de las fundadoras del sector y que luchó durante años para gestionar mejoras para la comunidad.
"Cuando éramos muy niños nos decía que nos iba a traer a vivir al cerro y llorábamos porque eran predios llenos de monte, nosotros vivíamos con una tía en la colonia Lázaro Cárdenas. Cuando menos pensamos ya estábamos instalados en un cuartito de lámina. Mi mamá luchó para transformar no solo su hogar, sino todo el sector", relató con orgullo.
Más que goles, sembrar valores
Cada tarde, decenas de niñas y niños llegan al campo con la ilusión de aprender. Muchos de ellos patean un balón por primera vez. Otros apenas comienzan a descubrir su pasión por el deporte.
"Para muchos de los niños, la escuelita representa mucho más que un entrenamiento. Es un lugar donde hacen amigos, fortalecen su confianza y descubren que son capaces de lograr metas que antes parecían lejanas”, confesó.
José de Jesús observa en cada uno un enorme potencial. Pero para él, la meta principal no es ganar campeonatos. Su misión es formar personas de bien. Por eso, cada entrenamiento incluye lecciones de respeto, disciplina, trabajo en equipo, perseverancia y compañerismo.
"Me hubiera gustado tener algo así cuando era niño. Por eso quiero que ellos tengan una oportunidad para divertirse, aprender y mantenerse alejados de situaciones que puedan afectar su desarrollo", expresó.
Los resultados ya empiezan a reflejarse más allá de la cancha. Padres y madres de familia aseguran que sus hijos muestran mayor disciplina, confianza y entusiasmo. Algunos han fortalecido su autoestima, mientras que otros encontraron en el deporte una motivación para esforzarse cada día y creer más en sí mismos.

Soñar en grande sin dejar la escuela
Aunque reconoce que en la escuelita existe talento para formar futuras estrellas del fútbol, José de Jesús insiste en que los sueños deportivos deben caminar de la mano con la educación.
"Hay niños con mucho potencial para llegar lejos, pero también les enseñamos que deben seguir estudiando. No todos llegarán al fútbol profesional, por eso es importante prepararse académicamente", señaló.
Para él, convertirse en futbolista profesional requiere mucho más que talento. Implica disciplina, constancia, hábitos saludables, esfuerzo diario, apoyo familiar y la capacidad de levantarse después de cada tropiezo.
"Con trabajo y perseverancia los sueños pueden empezar a construirse desde una cancha de barrio", afirmó.
Su mayor ilusión es que algún día uno de esos niños o niñas que hoy entrena gratuitamente pueda llegar al fútbol profesional.
"Pensar que algún día podríamos ver a uno de ellos jugando profesionalmente me llena de emoción y me motiva a seguir compartiendo mis conocimientos", comentó.

Una cancha que devolvió la vida al bulevar Agricultores
El impacto de la escuelita del IMDEC ha trascendido el ámbito deportivo. Avilez Sicairos aseguró que antes de la construcción de la cancha y del Sendero de la Paz, el bulevar Agricultores lucía muy distinto.
"Antes casi no había vida en el bulevar. Pocas personas salían a caminar o hacer ejercicio. Hoy vemos familias, niños jugando y vecinos conviviendo", destacó.
Además de entrenar, promueve entre vecinos el cuidado y mantenimiento de la cancha. "A mí me tocó jugar entre tierra y piedras. Ahora que tenemos esta cancha, debemos cuidarla porque es para todos", enfatizó.
Su anhelo es que la transformación que comenzó alrededor del campo deportivo se extienda a todo el bulevar Agricultores y que la zona sea reconocida por sus historias positivas y no por las dificultades que ha enfrentado.

Una pasión que también comparte con su hija Airam Paulette
Entre los rostros que más disfruta ver en la cancha se encuentra el de su hija, Airam Paulette. La pequeña forma parte de la escuelita y espera con entusiasmo cada día de entrenamiento. José de Jesús procura organizar sus horarios para acompañarla en prácticas y partidos.
"Yo la voy a apoyar en todo lo que ella decida hacer. Siempre trato de darle los mejores consejos", comentó con una sonrisa. Ver a Airam correr libremente sobre una cancha que él soñó durante su niñez le provoca una emoción difícil de describir. Solo confirmó que cada esfuerzo, cada tarde dedicada al fútbol y cada enseñanza compartida han valido la pena.
Sicairos Avilez está convencido de que el deporte puede ser un motor de transformación para las nuevas generaciones. Por eso continúa entregando tiempo, energía y experiencia de manera voluntaria, agradecido con el IMDEC por las capacitaciones, el respaldo recibido y la oportunidad de colaborar junto a otros entrenadores comprometidos con la niñez.
También reconoció el apoyo incondicional de su esposa Viviana Cárdenas, de sus hijos José Miguel y Airam Paulette, así como de sus padres Verónica Avilez y Miguel Sicairos.
Finalmente, invita a más papás a integrar a sus hijos a la escuelita gratuita de fútbol. "Es un proyecto muy bonito que sigue creciendo. Hay mucho talento entre los niños y niñas. Además, es una oportunidad para acercarlos al deporte sin tener que pagar un peso", señaló.
Actualmente, la escuelita de fútbol del IMDEC atiende a niñas y niños de entre 5 y 15 años, distribuidos en las categorías Chupones, Pandas, Osos, Infantil y Juvenil.
Cada tarde de lunes a viernes, de 4:30 a 7:00 p.m., la cancha del bulevar Agricultores se llena de entusiasmo, aprendizaje y sueños que comienzan a tomar forma a través del deporte.

Hace años, José de Jesús “El Güero” Sicairos Avilez soñaba con jugar en una cancha digna y tener las oportunidades que parecían reservadas para otros.
Hoy, ese sueño ya no le pertenece solo a él. Cada tarde lo comparte con decenas de niñas y niños que encuentran en el fútbol un espacio para aprender, crecer y creer en sí mismos.
Mientras el balón sigue rodando sobre la cancha del bulevar Agricultores, también avanza la esperanza de una comunidad que descubrió que los grandes cambios pueden comenzar con un entrenamiento, una sonrisa y alguien dispuesto a tender la mano.



































