De ingeniero bioquímico a formador de generaciones en Culiacán: la historia del maestro Víctor Martínez
Ingeniero bioquímico de formación y hoy director escolar en la secundaria de Loma de Rodriguera, Víctor Martínez encontró en las aulas su verdadera vocación y ahora impulsa proyectos de cultura de paz para transformar vidas en Culiacán


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Culiacán, Sinaloa.- Hace más de 30 años, Víctor Manuel Martínez jamás imaginó que terminaría dedicando su vida a la educación. Ingeniero bioquímico de formación, exgerente en una empresa pesquera y apasionado de las ciencias, llegó a un salón de secundaria casi por accidente.
Hoy, después de recorrer distintos municipios de Sinaloa y formar generaciones enteras, dirige la Escuela Secundaria Gabriel Leyva Solano, en Loma de Rodriguera, un plantel fundado en 1986.

Su historia mezcla ciencia, resiliencia y una profunda convicción de que la educación puede transformar contextos marcados por la violencia.
Una escuela que apuesta por la paz
Actualmente, la secundaria que dirige desarrolla proyectos enfocados en la cultura de paz y la convivencia escolar, una necesidad que, asegura, surgió de la realidad que enfrentan muchos estudiantes.
“La violencia que se vive en la calle y en las casas se refleja en el ambiente escolar”, explicó.
La escuela atiende a más de 700 alumnos provenientes de colonias, rancherías y comunidades serranas, muchas de ellas impactadas por desplazamientos forzados. Pese al panorama complejo, la matrícula ha crecido constantemente durante los cuatro años que lleva al frente del plantel.
A su llegada al plantel, apostó por construir comunidad, fortalecer el turno vespertino y generar proyectos colaborativos que involucraran a estudiantes, docentes y sociedad civil.

El día que descubrió su vocación
Antes de convertirse en maestro, Martínez Rea estudió oceanografía, comunicación y finalmente bioquímica. Trabajó en la industria pesquera de Ensenada, Baja California, donde llegó a ocupar cargos directivos.
Pero un accidente que afectó la salud de su esposa cambió el rumbo de su vida y lo obligó a mudarse a Sinaloa.
Aquí abrió un negocio de telefonía celular, hasta que un vecino —director de secundaria— le pidió apoyo urgente para cubrir unas clases. Aceptó sin imaginar que aquel momento definiría su futuro.
En cuestión de segundos, llegaron a su memoria los mejores maestros que tuvo durante su formación y decidió replicar aquello que lo inspiró como estudiante: enseñar desde la experiencia y la creatividad.
Con una rama arrancada de un árbol explicó cadenas de carbono, enlaces químicos e hidrocarburos. Los alumnos entendieron… y al final le aplaudieron.
Enseñar con pasión
Desde entonces, el maestro Víctor construyó una carrera de tres décadas: 10 años frente a grupo, 10 como asesor técnico y otros 10 como director escolar.
Participó en procesos nacionales de capacitación docente, colaboró con CENEVAL y recorrió el país formando maestros y diseñando evaluaciones educativas.
Hoy, mientras trabaja por fortalecer una escuela que crece en medio de contextos difíciles, Víctor Manuel Martínez mantiene intacta la misma pasión que descubrió aquel primer día frente a un salón de secundaria.






