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El Mercado Municipal Gustavo Garmendia. “Mercado Garmendia”

El edificio del mercado Garmendia representa para Culiacán lo que el Palacio de Bellas Artes y el Monumento a la Revolución, representan para la Ciudad de México...

1 marzo, 2022
El Mercado Municipal Gustavo Garmendia. “Mercado Garmendia”

En los inicios de la segunda mitad del siglo pasado las mujeres culiacanenses, amas de casa, tenían la costumbre de ir todos los días al mercado central de la ciudad a comprar víveres; lo hacían muy temprano, algunas de madrugada, llevaban en su brazo una canasta grande para cargar los productos alimenticios que adquirían, indispensables para cocinar los alimentos del día.

Culiacán aún era una ciudad pequeña lo que permitía ir caminando desde la casa a la Plaza, así nombraban al mercado, quizá en recuerdo de uno de los títulos que tuvo antiguamente después de que se conoció, al inicio, como el “Parián”, siguiendo la tradición española imperante en el período colonial; regularmente iban acompañadas por un muchacho para ayudar a cargar la canasta al regresar. Cuando iban solas pagaban a un chiquillo que prestaba servicio de cargador por una pequeña cantidad.

Los paquetes de víveres pronto llenaban la canasta, para los excedentes se utilizaban sacos de ixtle, no había bolsas de plástico, y para facilitar el regreso a casa con tal carga rentaban una “araña” -carreta de un solo eje, dos llantas, tirada por un caballo- conducida por una persona a quien llamaban “arañero”.

Afuera del mercado por la calle Hidalgo había un “Sitio de Arañas” donde permanecían estacionadas las carretas con su caballo siempre de apariencia famélica, cansado o hambriento. Regresar a casa en “araña” agregaba a la visita a la plaza un paseo muy emocionante, característico de Culiacán, que funcionó hasta bien entrados los años sesenta del siglo pasado; fueron sustituidas por las populares “arañas motorizadas” y las carretas trasladadas a la sindicatura de Eldorado, donde todavía permanecen activas.

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Han pasado 35 lustros de entonces a la fecha y el mercado Garmendia sigue bien posicionado en la economía de la ciudad pese a los embates de la modernidad que nos trajo nuevas maneras de comerciar productos básicos de todo tipo, especialmente productos alimenticios tanto frescos como industrializados, mayor variedad, mejores condiciones físicas, más cómodas e higiénicas.

Los grandes supermercados y la distribución por toda la ciudad de las llamadas tiendas de conveniencia, han mermado la actividad comercial para los locatarios del mercado que luchan por sobrevivir a base de ofrecer productos locales, frescos, precios bajos y esforzándose por mejorar las condiciones de atención e higiene en los puestos expendedores de víveres.

La fuerza de las tradiciones, constancia de la clientela representante de todas las clases sociales acostumbrada al trato humano que se da en los regateos de precio entre el “marchante” y el locatario; garantía de frescura y vistosidad de los productos agrícolas, cárnicos y lácteos que ofrece.

Locatarios comerciantes de trayectoria que recibieron el puesto como herencia de sus padres, abuelos y hasta de bisabuelos, la majestuosa belleza arquitectónica del edificio, son signos materiales e inmateriales que se conjugan para que este que fue el antiguo parián de la villa de san Miguel, enraizado en el mestizaje del tianguis, hoy permanezca de pie, activo, operando competitivamente, pero siempre amenazado por las fuerzas globalizantes del mercado que bien pudiera terminar en un acto de autoridad que cambie el uso del edificio.

Pero veamos cuáles son los orígenes de este centro de abasto de la población culiacanense encerrado en una joya arquitectónica, edificio hoy clasificado monumento histórico, patrimonio edificado, emblema citadino que confiere identidad cultural a los habitantes de esta ciudad.

El edificio se encuentra emplazado en el corazón del Centro Histórico de la ciudad. Ubicado en la parte poniente de la manzana, espacio formado por las calles Ángel Flores, Domingo Rubí y Miguel Hidalgo, ésta última fue la ruta que antiguamente enlazaba la ciudad con el Camino Real, única vía para la entrada y salida de productos de intercambio comercial que llegaban desde la región de los altos, la Sierra Madre Occidental y de la costa del pacífico. Su posición es y ha sido estratégica.

Ocupa el mismo terreno donde antiguamente se construyó el mercado con forma de parián (1839), acorde a la costumbre española. La autoridad impone el nombre de parían oficialmente (1861); luego la denominan plaza del mercado (1876), después de dos grandes incendios en 1905 y 1907, la población protesta y exige la construcción de un edificio digno, higiénico, para que opere el mercado central logrando que la modernidad porfirista autorice la construcción.

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El 15 de septiembre de 1910 se pone la primera piedra en un acto conmemorativo del Centenario de la Independencia Nacional, “las Fiestas del Centenario”, que organizó el gobierno de Díaz en todo el país con la pretensión, fallida, de mostrar al mundo los avances económicos y sociales de su régimen.

Esta ceremonia de inicio de la construcción del edificio fue presidida por el entonces gobernador del estado Diego Redo de la Vega, quien había sido electo gobernador a la muerte del general Francisco cañedo, después de una contienda electoral de tintes fraudulentos, acciones políticas ilegales que a la postre provocaron la Revolución Mexicana.

La irrupción del movimiento revolucionario que inició en 1910 retarda años su construcción, se termina y se pone en operación en el año 1918. El Ayuntamiento bajo la Dirección de Crisóforo Avendaño impone el nombre en memoria del revolucionario Ingeniero Militar Gustavo Garmendia .(1)

A su término el Ayuntamiento pagó la deuda contraída con el industrial sinaloense don Jorge A. Almada, quien otorgó un préstamo al municipio para que se construyera el edificio por la cantidad de $67,377.00, para ese tiempo una cantidad muy considerable.

El diseño arquitectónico fue de la autoría del ingeniero Luis F. Molina, en ese entonces ocupaba el cargo de Regidor y junto con el regidor Esteban Flores, primero, lograron el acuerdo del Cabildo para que el nuevo mercado se construyera en el mismo espacio del anterior.

Por cierto que, el viejo inservible mercado fue dos veces incendiado, todo en medio de una polémica social donde grupos de interés proponían otros espacios para su construcción, uno de ellos enfrente del hoy Palacio de Gobierno Municipal.

Las características arquitectónicas del edificio según el Arquitecto René Llánes (2), estudioso de la obra de Molina, corresponden a los valores dominantes de la cultura de finales del siglo XIX y principios del XX, concretamente ubicados en el período porfirista.

“Esta característica formal aunada a su función como centro de abasto popular localizado en el centro histórico de la ciudad, le confieren una cualidad simbólica producto de los innumerables acontecimientos cotidianos que han sucedido en el lugar, por lo que su forma arquitectónica, su función social, su permanencia física lo han fijado en la memoria colectiva de los habitantes de Culiacán y representa un símbolo histórico, es decir, constituye parte de la cultura material de la ciudad”.

En este sentido, señala el propio Arquitecto Llánes, que el edificio del mercado Garmendia representa para Culiacán lo que el Palacio de Bellas Artes y el Monumento a la Revolución, representan para la ciudad de México, es decir obras artísticas de estilo decimonónico proyectadas al ambiente de modernidad que propició la Revolución Mexicana.

Esta singularidad se concreta en la técnica constructiva utilizada según lo expresa el Arquitecto Llanes: “Una vanguardista estructura metálica que sostiene la cubierta, es envuelta por una significativa mole de ladrillo con todas las proporciones y formas históricas del eclecticismo porfirista. Concebido dentro de tres espaciosas naves, con una tipología muy semejante a la de otro tipo estructural de la época: las estaciones de ferrocarril”.

En la actualidad el Mercado Garmendia es considerado un monumento histórico patrimonial, sin embargo, a través del tiempo ha sufrido intervenciones que le han minimizado su belleza arquitectónica formal.

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Primero se le canceló el espacio destinado al jardín del frente principal del edificio, por la calle A. Flores, y en 1956 se le anexaron locales comerciales empotrados en los muros exteriores, los cuales permanecen hasta la fecha, empañando consecuentemente su señorial forma arquitectónica.

En el año de 1997, al vencimiento de los permisos para operar los locales exteriores, el Ayuntamiento de Culiacán, decide renovarlos y se pierde la oportunidad de regresarle al edificio su majestuosa presencia arquitectónica.

Esta decisión generó una fuerte protesta de los grupos conservacionistas de la ciudad que proponían al ayuntamiento realizar un gran proyecto cultural integral para rescatar al edificio y darle, además del uso tradicional de mercado, usos culturales y espacio para exponer las distintas manifestaciones creativas de los artistas de la ciudad.

Frente al Mercado Garmendia (fachada norte), mediando la calle Ángel Flores, se construyó una extensión para dar cabida a nuevos locatarios por la saturación del mercado. Esa extensión primero llevó el nombre de Mercado de la Moneda (por estar colindante con el edificio de la Casa de Moneda) y luego se llamó mercado Antonio Vizcaíno, un comerciante muy reconocido que murió asesinado en el año 1929 y en su memoria se le impuso su nombre.

El uso que se le dio a las instalaciones del mercado Vizcaino fue para venta de comida, establecimientos tipo fondas, cenadurías, restaurantes etc. En alguno de estos restaurantes surgieron platillos tradicionales de la cocina sinaloense, las genuinas y sabrosas “enchiladas del suelo”, platillo de autor de la cocinera tradicional, Consuelo Godoy, la popular “Güera”; quizá también aquí se elaboró por primera vez el platillo de especialidad de cenaduría, el “Asado de o a la Plaza”.

En la actualidad y desde hace años esta extensión se caracteriza por sus florerías en la calle Rubí, por lo que es llamado el Mercado de las Flores, y también el Mercado de los Brujos, por los puestos en su interior, dedicados a la venta de productos para culto esotérico, remedios naturistas y herbolaria curalotodo.

(1) Ingeniero Militar Gustavo Garmendia, Oficial del Estado Mayor Presidencial; revolucionario reconocido por su valentía; el 18 de febrero de 1913 defendió al Presidente de la República, Francisco I. Madero cuando iba ser aprendido por el coronel Jiménez Riverol y el Mayor Izquierdo a quienes dio muerte, durante la lucha contra la usurpación de Victoriano Huerta; se incorporó a la división del noroeste bajo las órdenes del general ÁLVARO Obregón; Murió heroicamente en Culiacán, en la batalla de La Lomita contra los federales el día 12 de noviembre de 1913.

(2) Llánes, René. “Luis F. Molina, el Arquitecto de la Ciudad”. Edición COBAES.

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