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Mientras muchos tiran sus zapatos, David les da una segunda vida desde hace más de 30 años

A los 12 años entró a un taller por curiosidad. Hoy, después de más de tres décadas, David Herrera sigue reparando zapatos en La Cruz de Elota y manteniendo vivo un oficio que pocos conservan.

11 junio, 2026
David Herrera, se ha encargado junto con sus padres que el negocio de la reparación de calzado continué vigente en La Cruz de Elota
David Herrera, se ha encargado junto con sus padres que el negocio de la reparación de calzado continué vigente en La Cruz de Elota

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Elota, Sinaloa.-  En un pequeño taller de La Cruz de Elota, los zapatos desgastados encuentran una segunda oportunidad. Ahí trabaja David Ricardo Herrera,un hombre que desde los 12 años aprendió el oficio de la reparación de calzado y que hoy suma más de tres décadas devolviendo vida a botas, tenis, zapatillas y zapatos de todo tipo.

Lo que comenzó como la curiosidad de un niño terminó convirtiéndose en una profesión que le ha permitido ganarse la confianza de cientos de clientes de distintos municipios de Sinaloa e incluso de personas que viven en Estados Unidos.

Don Guadalupe, padre de David, es quien se encarga de coser los tenis manualmente
Don Guadalupe, padre de David, es quien se encarga de coser los tenis manualmente
 

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El zapatero de Elota que aprendió observando

David recuerda perfectamente sus primeros pasos en este oficio.

Frente a la escuela primaria de dos pisos de La Cruz existía un taller donde trabajaba Rigoberto Quintero, el hombre que despertó su interés por el mundo de las suelas, agujas y pegamentos.

Al principio solo observaba.

Le fascinaba ver cómo unos zapatos aparentemente inservibles podían quedar como nuevos después de pasar por las manos de un experto.

Con el tiempo comenzó a ayudar y posteriormente recibió un sueldo por su trabajo.

Durante ocho años aprendió los secretos del oficio hasta que su maestro emigró a Ensenada y posteriormente a Estados Unidos.

Un taller familiar que sigue ganándose la confianza de los clientes

Después de años de experiencia, David abrió su propio negocio en el año 2000.

Su primer taller operó durante 17 años frente a la escuela José Aguilar Barraza, en un local amarillo que muchos habitantes de La Cruz aún recuerdan.

Actualmente trabaja en un nuevo establecimiento donde sigue atendiendo a clientes provenientes de:

  • La Cruz de Elota
  • San Ignacio
  • Estación Dimas
  • Cosalá
  • Laguna de Canachi
  • Comunidades cercanas

Incluso hay personas que radican en Estados Unidos y aprovechan sus vacaciones para llevarle calzado que necesita reparación.

El taller de reparación de calzado se ha convertido en un negocio familiar
El taller de reparación de calzado se ha convertido en un negocio familiar

Reparación de zapatos: un oficio que sigue siendo necesario

Aunque vivimos en una época marcada por el consumo rápido, David asegura que todavía existe una gran demanda de servicios relacionados con la reparación de calzado.

Entre los trabajos más solicitados se encuentran:

  • Cambio de suelas
  • Costura de tenis
  • Reparación de botas vaqueras
  • Pintura y restauración de calzado
  • Cambio de tapitas
  • Trabajos ortopédicos
  • Restauración de zapatillas

Dependiendo del daño, puede reparar entre cinco y diez pares diarios.

Algunos servicios tienen costos accesibles, lo que permite a las familias ahorrar dinero y prolongar la vida útil de sus zapatos favoritos.

Un negocio familiar que ha resistido el paso del tiempo

El taller no funciona únicamente gracias a David.

Su padre, de 76 años, continúa ayudándolo con algunos trabajos de costura manual, especialmente en tenis.

Mientras tanto, su madre recibe los pedidos, organiza las notas y atiende a los clientes.

La combinación de experiencia, confianza y trato cercano ha permitido que el negocio se mantenga vigente a pesar de los cambios en el mercado.

"Hay que ponerle amor, dedicación y esfuerzo a cada trabajo para que el cliente regrese", asegura David.


Dar una segunda vida a los zapatos también ayuda al medio ambiente

Más allá de reparar una suela o cambiar una costura, el trabajo de David tiene un impacto que muchas personas no consideran.

Cada zapato reparado evita que termine en la basura.

En un contexto donde millones de productos son desechados cada año, la reparación representa una alternativa más económica y sostenible.

Para muchos clientes, restaurar un par de zapatos significa conservar comodidad, ahorrar dinero y evitar compras innecesarias.

Aunque cada vez son menos los jóvenes interesados en aprender este trabajo, David demuestra que la zapatería artesanal sigue teniendo valor.

Su taller es un recordatorio de que algunos oficios sobreviven gracias a la pasión, la experiencia y la confianza de quienes siguen apostando por el trabajo bien hecho.

Mientras haya zapatos por reparar y clientes que valoren la calidad, sus manos continuarán haciendo lo que mejor saben hacer: devolverle el camino a cada par de zapatos que llega a su taller.

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