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Gritos y lágrimas en el primer día de clases. Angustia de niños y padres

20 septiembre, 2022
Gritos y lágrimas en el primer día de clases. Angustia de niños y padres

Iker Miguel estaba muy emocionado. Por fin llegaba el tiempo de ir al kínder. Alejandra, su mamá, lo llevó de compras.

Una lonchera de Paw Patrol, un pantalón y una camisa color blanco; zapatitos negros y hasta un libro para colorear.

No podía faltar un vaso con popote para llevar el agua y por supuesto un recipiente para el lunch.

Aún faltaba una semana y el pequeño ya no podía soportar la espera. Quería estrenar su ropa y zapatos nuevos. No quería beber agua en otro recipiente que no fuera su vaso nuevo.

Alejandra y Miguel, su papá se sentían tranquilos. Pensaban que sería un proceso sencillo. Dejar el hogar y empezar su educación.

Llegó el gran día e Iker Miguel se levantó al primer llamado de su mamá, se bañó, desayunó, se vistió y hasta vio un capitulo de su serie de caricaturas favorita.

De la mano de su mamá, llegaron hasta la puerta del Jardín de Niños José Vasconcelos en El Caimancito. Ahí, la alegría terminó y empezaron a brotar las lágrimas.

Iker Miguel empezó a llorar. Tenía temor de soltar la mano a su mamá. Sentía que se iba a quedar solo.

“Yo creía que mi mami me iba a dejar ahí y no iba a volver”, dice al recordar aquel momento.

“Fue muy tormentoso. Me sentía muy mal de tener que dejarlo llorando. Le prometí dulces, le dije que tendría una maestra que estaría con él y al ver a otros niños llorando, Iker también lloraba. Hasta yo solté mis lágrimas ahí. Sentía que me dolía el pecho de tristeza”, reconoce Alejandra, quien asegura que no pensó que fuera una experiencia tan complicada para ella.

A unas semanas de haber dado inicio el ciclo escolar 2022-2023, Iker Miguel ya no entra llorando. Ahora va corriendo porque tiene amiguitos y una maestra que lo esperan en el kínder.

Alejandra, se va tranquila a casa, a esperar que transcurra el tiempo para regresar por su pequeño.

Ese sentimiento de tristeza para los niños es común. Sobre todo, porque lo que ellos conocen es su familia, en especial a sus papás, los seres que les brinda seguridad y quedarse en un lugar desconocido como  la escuela, puede causar angustia y hasta temor en ellos.

Escenas como la que se vivió en el José Vasconcelos en El Caimancito, se vivieron en todo el estado. Por fortuna, los días pasaron y ahora disfrutan de clases en un ambiente de paz, tranquilidad y aprendizaje.

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