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La Presa Sanalona

Primera Obra de Infraestructura Hidráulica Detonadora del Progreso y la Modernidad en Sinaloa

La Presa Sanalona

Por Jaime Félix Pico

La grandeza de la agricultura sinaloense y particularmente la que se realiza en los municipios de Culiacán y Navolato descansa en tres robustos pilares: primero, en el carácter y temple de los hombres del campo, los agricultores locales que conjugaron sus habilidades y destrezas con los conocimientos de migrantes extranjeros que adoptaron esta tierra como su segunda patria.

Segundo, la gran infraestructura hidráulica, once presas sobre 9 de los 11 ríos,   construidas por el gobierno de la República a partir de la década de los años 40´s del siglo pasado (entre 1940 y 1988).

Estas obras tienen antecedentes históricos en los grandes canales de riego construidos a principios del siglo pasado a base de esfuerzo humano, a mano, pala  y machete,  que hicieron posible la canalización de las aguas broncas de los ríos: Humaya, Tamazula, Culiacán  y san Lorenzo hacia las tierras de la gran planicie costera de la zona centro del estado, donde inició y  floreció la hoy moderna y emblemática agricultura sinaloense.

Con las presas se logró el control y almacenamiento de las aguas “broncas” procedentes de los once ríos que atraviesan nuestra geografía y canalizarla hacia la tierra pródiga, pero sedienta, para producir alimentos, dando visibilidad a la capacidad emprendedora, innovadora de nuestros agricultores.

Tercero, la gran visión y calidad profesional de los ingenieros y técnicos mexicanos que participaron, por mandato de las autoridades federales y estatales, en el diseño y construcción de estas grandes obras de infraestructura, ayer y hoy consideradas un prodigio de la ingeniería mexicana; obras que son el principal sostén de la economía de Sinaloa y garantía para enfrentar los caprichos de la naturaleza, sean  lluvias torrenciales o la amenazante sequía.

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La presa de Sanalona fue la primera gran obra hidráulica que se construyó en el estado, y tocó al municipio de Culiacán esta primicia; con esta obra se logró contener las aguas del río Tamazula que nace en  la Sierra Madre Occidental en la cuenca que está en los límites de Sinaloa y Durango; fue  puesta en operación e  inaugurada el 2 de abril de 1948, por el Presidente de la República, Licenciado  Miguel Alemán Valdés, quien al dirigirse al pueblo de Sinaloa pronunció para la historia esta frase:

“El gobierno está cumpliendo, toca al pueblo hacer su parte”.

La frase quedó Inscrita en la placa expuesta en el monumento que se encuentra en la cortina de la presa, testimonio de la ceremonia de inauguración.

A casi 75 años de este pronunciamiento,  los resultados  de nuestra economía agrícola son más que suficiente evidencia de que los sinaloenses, especialmente los agricultores de Culiacán,  han cumplido a plenitud con esta motivadora frase presidencial,  pues han logrado hacer de su tierra el “Granero de México”; su producción agrícola de maíz, frijol y chile, la llamada  triada alimentaria de los mexicanos, complementada con la producción de hortalizas ejemplo de modernidad tecnológica agrícola, son  suficientes para abastecer a todo el país  y generar producción para la exportación.

Hoy en día los agricultores de Culiacán se han ganado el reconocimiento de ser los mejores de México y quizá del mundo, esto último, en calidad de productores de legumbres cuyos productos, entre los que se encuentra el tomate, ícono agrícola de Culiacán, otros, como: chiles, berenjenas, pepinos, calabazas, etc. Culiacán los aporta a la gastronomía mundial.

El general Lázaro Cárdenas, Presidente de la República (1934 a 1940), quien tenía como consejero y amigo al Ingeniero Juan de Dios Bátiz Paredes, creador del Instituto Politécnico Nacional, la gran obra educativa de Cárdenas, seguro o escuchó a don Juan de Dios y  aprobó la cantidad de seiscientos mil pesos para realizar los primeros estudios de factibilidad de la presa de Sanalona, instruyendo en ese sentido a los técnicos de  la Comisión Nacional de Irrigación, institución que el presidente Cárdenas formó e incorporó a la estructura administrativa del gobierno Federal.

Estos primeros pasos fueron retomados por el presidente Manuel Ávila Camacho (1941 a 1946) al dar mayor impulso a la obra destinándole en su ejercicio constitucional la cantidad de 31.4 (treinta y un millones y cuatrocientos mil) millones de pesos, lo cual es de reconocerse dada la difícil situación de las finanzas públicas que resentían los impactos de la Segunda Guerra Mundial.

El presidente Miguel Alemán (1947 a 1951) logró concluir la obra que en ese momento hizo realidad parte del Programa Nacional de Desarrollo Hidráulico el cual, históricamente; creó la Secretaria de Recursos Hidráulicos y nombró Secretario al Ing. Adolfo Orive de Alva quien tuvo mucho que ver en la construcción de la presa de Sanalona; fincó la política pública de incorporar la obra hidráulica a la obra eléctrica, o sea la Hidroeléctrica, para impulsar tanto el desarrollo agrícola como el industrial.  A la Presa de Sanalona se le dotó de tecnología y equipo para producir energía eléctrica.

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Los culiacanenses podemos visitar esta gran infraestructura a escasos 35 kilómetros de la ciudad, accediendo a la parte más alta de lo que se conoce como la cortina de la presa, desde donde se puede apreciar, además de su vertedor de demasías, un hermoso paisaje, una suerte de gran lago y al fondo la serranía. El visitante interesado en conocer datos de la construcción de la presa debe acudir al monumento que se encuentra en el sitio donde se celebró el acto de inauguración en el año de 1948.

“Construida por la Comisión Nacional de Irrigación y la Secretaría de Recursos Hidráulicos, el costo total de la obra fue 56 (cincuenta y seis) millones de pesos…”.

En la placa constan las aportaciones de los tres presidentes que participaron: Lázaro Cárdenas 600 mil, Manuel Ávila Camacho 31.4 millones y Miguel Alemán, 24 millones…tiene una capacidad total de almacenamiento de 845 millones de metros cúbicos…Secretario de Recursos Hidráulicos, Ing. Adolfo Orive de Alva, Consultores técnicos, Ing. Andreu Weiss y Geólogo Paul Waitz y el Superintendente General de la obra, Ing. Juan Guerrero Alcocer”. 

Cabe recordar a otros grandes técnicos que participaron en la construcción, la ejecutaron con conocimientos técnicos, responsabilidad y honradez; con recursos técnicos y financieros limitados, pero con admirable ánimo y vocación de servicio, valores que hoy mucho necesitamos en la burocracia.

Fueron dirigidos eficazmente por el Ing. Juan Guerrero Alcocer, a quien Sinaloa mucho le debe; entre otros son los ingenieros Roberto Valadez Hernández, Carlos Carbajal Zarazúa, Heriberto Valdez Romero, José Hernández Terán, Guillermo Blake Aguilar, Enrique Espinoza Vicente, Enrique Roiz Padilla, Ricardo Avendaño y Aurelio Benassini, éste último construyó la Presa El Salto la cual lleva su nombre.

Todos ellos grandes figuras de la ingeniería, gracias a su visión y conocimientos técnicos, detonaron el gran potencial hidráulico propio naturalmente del territorio sinaloense.

El Ingeniero Juan Guerrero Alcocer (Querétaro, 7 de marzo de 1912, Ingeniero Civil por la UNAM, graduado en 1936), escribió recuerdos de su estancia en Culiacán a donde llegó a principios de la década de los 40´s:

“En el verano de 1940 llegué a Culiacán. Me mandaron a hacer la Presa de Sanalona, ilusión de los sinaloenses, obra que empezaría a sustituir los usos de aguas broncas por el uso de agua almacenada.  Entonces solo existían los canales Cañedo y Rosales, visionariamente promovidos por el general Ángel Flores y otros distinguidos pioneros… tenía Culiacán entonces menos de 20,000 (veinte mil) habitantes.  Era una pequeña ciudad tranquila, arrebujada a la orilla del río, con una rica historia colonial”.

En este breve párrafo donde describe la ciudad que lo adoptó podemos aquilatar la calidad humana, profesional y responsabilidad como servidor público que caracterizó al constructor de esta primigenia obra de ingeniería hidráulica que fue el punto de partida del florecimiento agrícola de Sinaloa.

Guerrero Alcocer estuvo involucrado en todo el proceso constructivo desde buscar el lugar idóneo para la ubicación de la obra. Cuando aún no se definía el sitio exacto donde se construiría la presa – ya estaba decidido que fuera el río Tamazula, pese a que el río Humaya, tenía más arroyos alimentadores y por tanto más flujo fluvial- hizo varios vuelos exploratorios sobre la cuenca del río, en una avioneta piloteada por el pionero de la aviación en Culiacán, don Efraín González y González, fundador de la Escuela Militarizada de Aviación en la ciudad e instructor de los pilotos pioneros  que aprendieron a sobrevolar los sembradíos para aplicar químicos; conocidos como pilotos fumigadores, contribución importante de la aviación al desarrollo agrícola.

La modestia y sencillez que caracterizó al ingeniero Guerrero Alcocer, se vio magnificada el día de la inauguración de la obra ante la presencia del presidente de la República Miguel Alemán, quien vino a inaugurar la presa.  En sus crónicas se puede leer el momento en que el público asistente, casi a gritos, le pedía que hablara, tal era el reconocimiento, gratitud que la población le rendía en su calidad de Superintendente General; no se pudo rehusar, se levantó de su asiento y empezó a hablar; habló mal y muy breve. Al volver a su asiento, se dirigió al presidente con estas palabras:

“Perdóneme, señor presidente, pero yo no sé hablar”. El presidente Alemán se levantó de su asiento y dijo: “A Usted no lo queremos para hacer discursos, lo queremos para hacer presas”, palabras que fueron correspondidas con un gran aplauso de la concurrencia.

De esa talla eran los profesionales de la ingeniería hidráulica que lograron llevar el vital líquido a las sedientas tierras del valle de Culiacán y así transformarlas en un vergel, abriendo al cultivo bajo riego, cerca de noventa y cinco mil hectáreas de tierra.

Las obras de irrigación formaron un sistema de riego integrado por represas, canales, drenes, estaciones de bombeo etc. para llevar agua a toda la superficie susceptible de cultivar.  Así se creó el Distrito de Riego No. 10 en el Valle de Culiacán, para dar cauce a las aguas después de su almacenamiento.

Las obras estuvieron bajo la dirección de otro gran técnico especialista en irrigación, el Ingeniero Enrique Espinoza Vicente, identificado como el brazo derecho de Guerrero Alcocer; también participó en la construcción de la presa de Sanalona.

Se dice de este gran técnico “si en Sanalona mostró sus variados conocimientos, en el Valle de Culiacán hizo otro tanto al ejecutar todos los programas técnicos de amplia complejidad a fin de echar a andar el naciente Distrito de Riego No. 10 al ponerse en pleno funcionamiento la presa”

Las obras del Distrito de Riego No. 10 fueron inauguradas por el propio presidente Alemán el 25 de julio de 1951; comprendieron la construcción de la Presa Derivadora, aguas abajo del Puente Negro, la red de canales de 200 (doscientos) kilómetros de longitud y una red de caminos de 180 (ciento ochenta) kilómetros, la mayoría de terracería.

A Espinoza Vicente lo describe así el Cronista Herberto Sinagawa como sigue:

Fue un hombre de extraordinaria vocación social, dejó gratos recuerdos entre los usuarios del Distrito de Riego No. 10 a los que trató con franqueza y ayudó sin esperar jamás la recompensa. Si delineó lo que es hoy el sistema de irrigación del Valle de Culiacán también contribuyó en buena medida a formar agricultores con la nueva mentalidad del tiempo moderno que propiciaba la presa de Sanalona”.

La Presa de Sanalona construida aguas arriba sobre el río Tamazula en el municipio de Culiacán, estado de Sinaloa, por todos sus atributos materiales e inmateriales arriba descritos es una obra civilizadora y modernizadora de un grupo social que, hasta fines de la primera mitad del siglo XX, vivió aletargada, alejada de los procesos dinamizadores del crecimiento económico que estaban en boga en otras regiones de México.

Gracias a la visión de muchos hombres del campo sinaloense, de técnicos, funcionares públicos y políticos de los tres ámbitos de gobierno, y quizá de la reconocida empatía de los sinaloenses para fincar buenas relaciones con las élites políticas de entonces, fue que se hizo posible esta ilusión del pueblo sinaloense, de domar las aguas broncas  y llevarlas desde su almacenamiento a las fértiles tierras del valle de Culiacán para convertirlo en el principal centro agrícola de México, con reconocimiento a nivel mundial.

La Presa de Sanalona detonó el progreso económico de la región, pero su contraparte fue la modernidad la cual impactó el desarrollo urbanístico de la ciudad con graves consecuencias en el deterioro y demolición del patrimonio cultural histórico; la ciudadanía carente de cultura urbanística conservacionista no cuidó ese su legado histórico y en nombre de la modernidad inició la construcción de  proyectos arquitectónicos modernistas, montados -algunos de ellos- sobre las ruinas de los edificios históricos demolidos.

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