La Visión Cero propone cambiar la forma de entender la seguridad vial al reconocer que las muertes en las calles son prevenibles y que el diseño urbano debe priorizar la protección de todas las personas
Por: Gloria Morales
Lo más seguro es que si escuchamos o leemos las noticias sobre un choque o un atropellamiento en nuestra ciudad, notaremos que casi siempre se utiliza la palabra “accidente”. Desafortunadamente, este término se ha arraigado en nuestro lenguaje cotidiano como si las pérdidas de vidas en las calles fueran eventos fortuitos e inevitables, producto del azar o de la mala suerte.
Por esta razón, es urgente cuestionar esta narrativa y entender la llegada de un enfoque internacional que está transformando la seguridad vial: la visión cero. Por el contrario a lo que se ha pensado tradicionalmente, las muertes viales no son accidentes, sino siniestros prevenibles que responden a fallas sistémicas del entorno.
La visión cero redefine la seguridad vial en nuestras calles
Para comprender el fondo de este cambio de paradigma, es necesario analizar qué implica realmente la visión cero. Esto se debe a que este enfoque, nacido en Suecia a finales de los años noventa, parte de una premisa ética fundamental “ninguna muerte o lesión grave en el tránsito es aceptable”.
A diferencia del modelo tradicional, que acepta las muertes como el precio inevitable de la movilidad y la velocidad, la visión cero reconoce que los seres humanos cometemos errores por naturaleza.
En este sentido, el objetivo de la planeación urbana no debe ser exigir una conducta perfecta a las personas, sino diseñar un entorno que perdone el error humano para que una distracción o una falla no cobren la vida de nadie.
Asimismo, el uso de la palabra “accidente” invisibiliza las causas reales detrás de la siniestralidad vial.
Por un lado, cuando un siniestro ocurre debido a la falta de iluminación, la ausencia de cruces seguros o geometrías viales que incentivan el exceso de velocidad, la responsabilidad recae directamente en la planificación y en el diseño del entorno construido.
Por otro lado, la visión cero establece una corresponsabilidad donde los diseñadores de la vía y los usuarios de vehículos motorizados tienen la obligación de proteger a los usuarios más vulnerables del espacio público.
Por lo tanto, la seguridad vial debe garantizarse desde la infraestructura, asumiendo con total claridad que las muertes viales son prevenibles y que nunca se debe responsabilizar implícita o explícitamente a la víctima por las deficiencias del sistema.
acciones concretas para implementar la visión cero en Monclova
Pero vamos por partes. Existen formas concretas de aplicar la visión cero en nuestras calles a través del enfoque de sistema seguro.
Por ejemplo, el rediseño vial para pacificar el tránsito y controlar las velocidades máximas en zonas urbanas; la creación de intersecciones protegidas y pasos peatonales a nivel de banqueta; y la auditoría constante de los puntos críticos de siniestralidad en la ciudad.
Estas acciones, aunado a una señalización clara y a la fiscalización efectiva de los factores de riesgo, demuestran que es completamente posible diseñar calles donde la prioridad absoluta sea la preservación de la vida humana.
En conclusión, transitar del concepto de “accidente” al de “siniestro vial” es el primer paso indispensable para exigir calles más seguras y eficientes.
Mientras sigamos normalizando las muertes viales como eventos inevitables del día a día, continuaremos postergando las soluciones de fondo que nuestra infraestructura urbana necesita.
Adoptar la visión cero es, en última instancia, un compromiso ético y técnico para garantizar que el derecho constitucional a la movilidad se ejerza en condiciones de máxima seguridad, asegurando que ninguna persona pierda la vida por el simple hecho de intentar trasladarse a su destino.
Autora: Gloria Morales. Ejecutiva de educación y comunicación de Mapasin.