El programa “Pequeños Lectores” concluyó con éxito en la Biblioteca de la Plazuela de los Leones en el centro de Mazatlán. A través de cuentos y talleres, fomentó el hábito lector y fortaleció el vínculo familiar y comunitario
Por: Eunice Arredondo
El programa “Pequeños Lectores” cerró su ciclo en la Biblioteca Ingeniero Manuel Bonilla de Mazatlán con una jornada dedicada a la lectura, el juego y el diálogo, que reafirmó el papel de la biblioteca como un espacio seguro y creativo para las infancias de Mazatlán.
La bibliotecaria Karime Tiznado leyó el cuento A Week With Aunt Bea (Una semana con la tía Bea) y lo utilizó como punto de partida para una reflexión colectiva: niñas y niños identificaron aprendizajes, compartieron impresiones y ejercitaron la comprensión lectora en voz alta.
Actividades que conectan lectura y habilidades
El tradicional “cubo juguetón” planteó preguntas sobre la historia y estimuló la expresión oral, la memoria y el pensamiento creativo.
Talleres vinculados a fechas conmemorativas (Día del Amor y la Amistad, Día de las Madres y Día del Padre) fusionaron lectura y manualidades: los niños crearon una corbata decorativa con mensajes para sus padres, usando foami, colores y materiales reciclados, lo que reforzó el vínculo entre lectura, identidad y comunidad.
Resultados y participación
El programa registró un aumento sostenido de asistentes: entre 15 y 16 niñas y niños por sesión, acompañados por unas 10 madres y padres que participaron regularmente.
Este respaldo familiar es clave para convertir la lectura en un hábito cotidiano y para que la biblioteca funcione como referente cultural local.
Fomentar la lectura en la infancia tiene efectos prácticos y duraderos: mejora la comprensión, amplía el vocabulario, potencia la imaginación y favorece el rendimiento escolar.
En Mazatlán, programas como “Pequeños Lectores” también fortalecen la cohesión social al ofrecer un espacio gratuito y accesible donde familias de distintos barrios se encuentran y crean redes de apoyo.