Llevar el arte al salón de clases para que todos los niños canten, convivan y descubran su talento. Así nace la iniciativa de VAM Vida y Arte para México, un programa de coros escolares que busca formar mejores personas, fortalecer la empatía y sembrar paz a través de la música.
En un contexto donde las actividades artísticas se han vuelto un privilegio para pocos, surgió una idea sencilla, pero poderosa: llevar el arte directamente al salón de clases.
Así nacieron los coros escolares, una iniciativa de VAM Vida y Arte para México, una asociación de reciente creación que apuesta por la música como una herramienta de transformación social.
El acercamiento del arte a las infancias
La inquietud comenzó con una pregunta clara: ¿y si en lugar de esperar a que los niños busquen el arte, el arte va al encuentro de ellos?
Irene Burgos, responsable de la asociación, lo resume así: acercar la experiencia artística a niñas y niños que difícilmente tendrían acceso a ella, no para formar músicos profesionales, sino para ayudarles a desarrollar habilidades para la vida.
Con esa idea, Irene Burgos y miembros del Consejo de Vida y Arte para México, tocaron puertas hasta llegar a la Secretaría de Educación Pública y Cultura.
La respuesta fue un sí. El primer paso sería un programa piloto: formar un coro dentro de un aula regular. No seleccionar a los que “cantan bonito”, sino que canten todos.
Más de 150 niños participan en el programa de coros escolares en Culiacán
Así inició el trabajo en la Escuela Sócrates, donde hoy seis grupos de cuarto y quinto año, más de 150 niñas y niños; viven su primer acercamiento formal al canto coral.
La experiencia está a cargo de la maestra Perla Orrantia, directora del programa, y de la maestra Lilia Valdespino, pianista acompañante, quien confiesa que también ella se ha sorprendido con lo que ocurre cuando la música entra al salón.
“Cuando los niños y sus padres no buscan el arte, sino que el arte los busca a ellos, la respuesta es completamente diferente”, comparte Lilia.
En cada clase, niñas y niños descubren que pueden cantar, afinarse, escucharse y trabajar en equipo. El talento ya estaba ahí; solo hacía falta despertarlo.
El programa no improvisa. Incluye capacitación especializada para docentes, ejercicios de respiración, postura, relajación y repertorio coral infantil cuidadosamente seleccionado.
Canciones como Tengo una muñeca, Arroz con leche, Haciendo mantequilla de Manuel M. Ponce y canciones infantiles tradicionales permiten a los niños cantar de forma sana, armónica y adecuada a su voz.
La música en el aula mejora la disciplina
Pero los resultados van más allá de la música. Maestras y directivos han sido testigos de cambios profundos: niños más tranquilos, más atentos, con mayor disciplina y confianza.
Algunos que al inicio se negaban a cantar hoy preguntan cuándo será la siguiente presentación. Otros han descubierto su interés por el piano o el liderazgo dentro del grupo.
“La música hace su trabajo”, dice la maestra Perla Orrantia. Y lo hace en silencio: fomenta el respeto, la empatía, la colaboración y el sentido de pertenencia. Cantar juntos les enseña que, cuando cada quien hace su parte, el resultado es algo bello.
VAM capacita a docentes para formar directores corales
Paralelamente, VAM impulsa la formación de directores corales, capacitando a maestros de educación artística de Culiacán y Mazatlán.
Hoy ya se están gestando 14 coros escolares, ampliando una red que crece con la convicción de que el aula también puede ser un espacio para el arte.
Detrás de este esfuerzo hay un equipo comprometido, benefactores y familias que creen que invertir en cultura es apostar por un mejor futuro.
Como lo resume Irene Burgos, el objetivo no es formar artistas, sino mejores personas: niños y jóvenes más sensibles, más conscientes y con herramientas para convivir en paz.
Porque cuando el arte entra al salón, no solo se afinan voces. También se armoniza la vida.