Desde hace años, doña Elvia recibe a vecinos y visitantes en su carrito de raspados en La Cruz de Elota. Además de preparar sabores artesanales, ofrece una sonrisa, escucha historias y ayuda a quien lo necesita.
Por: Yolanda Tenorio
La Cruz de Elota, Sinaloa. - Todos los días doña Elvia se instala en su lugar de costumbre. Desde las diez de la mañana y hasta las seis o siete de la tarde, atiende a quienes llegan en busca de un raspado, una fruta preparada o simplemente una conversación.
Sus hijas suelen bromear diciéndole que, si fuera por ella, se quedaría a dormir en el parque, pues disfruta enormemente convivir con la gente.
"Me da mucha felicidad esta parte. Vivo cada día llenándome de energías buenas.
En todos lados hay cosas buenas y malas, pero aquí son más las buenas", expresa con emoción.
Para ella, el comercio es mucho más que una actividad económica. Es una oportunidad para conocer personas, escuchar historias y tender la mano cuando alguien lo necesita.
"La parte noble es que toda la gente viene aquí. He ayudado a personas que se han quedado sin dinero para una medicina, para un pasaje o incluso para comer."
Y agrega una frase que resume su forma de ser:
"Uno nunca sabe lo que puede pasar cuando sale de su casa, por eso siempre les digo: aquí tienen una casa".
Doña Elvia asegura que en su carrito ha escuchado historias de todo tipo.
"Aquí podríamos hacer hasta un capítulo de La Rosa de Guadalupe", comenta entre carcajadas.
Las personas llegan y, además de comprar un raspado, le cuentan sus alegrías, sus preocupaciones y hasta sus penas.
"Es bonito convivir con las personas. A veces andamos por el mundo cargando muchas cosas y una sola palabra nos puede hacer el día".
Esa sensibilidad hacia los demás es una de las razones por las que disfruta tanto su trabajo y por la que se ha ganado el cariño de los habitantes de La Cruz.
¿Cómo doña Elvia se convirtió en un referente en La Cruz de Elota?
El sabor de sus raspados no es casualidad.
Cada noche, después de terminar su jornada, doña Elvia prepara los jarabes de manera artesanal. Dependiendo del sabor, puede tardar entre dos y cuatro horas.
Los favoritos de sus clientes son ciruela, tamarindo, piña, durazno, vainilla, fresa, guayaba, limón, coco, leche quemada y hasta chicle.
"Con la ciruela me tardo más porque hago bastante. También la vendo en vasos con chamoy, Tajín y lechera.
Además de los raspados, vende fruta preparada, bolis de agua y frituras, pero reconoce que el raspado ocupa un lugar especial en su corazón.
"Es lo que más me llena, porque la gente viene y me recomienda".
Y es común escuchar a quienes visitan el municipio decir: "Si vas a La Cruz, ve con doña Elvia, la de los raspados".
Doña Elvia conserva el sabor tradicional de sus raspados con jarabes artesanales que prepara cada noche con paciencia y dedicación.
Detalles sobre el proceso artesanal de los raspados de doña Elvia
El éxito de su negocio la llevó a ampliar sus servicios.
Actualmente cuenta con tres carretitas. Una permanece fija en su lugar habitual y las otras dos son utilizadas para atender eventos sociales, graduaciones, fiestas y encuentros deportivos.
Las jornadas pueden ser agotadoras, pero ella asegura que nunca pierde el entusiasmo. "Por eso no me canso, porque disfruto el trabajo".
Además de su faceta como comerciante, doña Elvia también se desempeña como regidora, una responsabilidad que ejerce con el mismo compromiso y cercanía con la gente.
Ya sea desde una sesión de Cabildo o detrás de su carrito de raspados, su objetivo es el mismo: ayudar.
"Ser sensible con las personas es muy importante", afirma.
Impacto de doña Elvia en la comunidad de La Cruz de Elota
La historia de doña Elvia es la de una mujer trabajadora, perseverante y generosa.
Cada raspado que prepara lleva algo más que hielo y jarabe.
Lleva una sonrisa, una palabra amable y el cariño de quien ha hecho de su trabajo una pasión.
Y mientras el cuerpo aguante, como ella misma dice, seguirá ahí, en su carrito, endulzando la vida de los habitantes de La Cruz de Elota y demostrando que los pequeños negocios también pueden convertirse en grandes historias de humanidad.