De comer tortillas con sal a generar empleos: la historia de Rubén Bayardo que inspira en Sinaloa

Rubén Bayardo: un ejemplo de superación en la sierra de Sinaloa, quien pasó una triste infancia marcada por la pobreza y hoy apoya a personas que pasan lo mismo

Por: Yolanda Tenorio

La Cruz de Elota. "Sé lo que es tener hambre. Sé lo que es comer tortillas con sal." Rubén Bayardo Ortiz no pronuncia esa frase con tristeza ni con resentimiento. La dice con la serenidad de quien aprendió que las dificultades pueden convertirse en el mayor motor para cambiar el destino.

Hoy, a sus 54 años, es propietario de una empresa de materiales para la construcción,  en La Cruz de Elota que genera 15 empleos directos, trabaja la agricultura en 40 hectáreas y dedica parte de sus ganancias a apoyar a deportistas, estudiantes, instituciones de asistencia social y a personas que requieren algún medicamento o alimento.

Desde niño Rubén Bayardo sabe lo que es trabajar, por eso su esfuerzo lo llevó a consolidar su empresa de materiales para la construcción, y con ello ayuda a otros

Rubén Bayardo: un ejemplo de superación en la sierra de Sinaloa

Pero hace más de cuatro décadas, su realidad era muy distinta. Una infancia donde la pobreza era parte de la vida diaria. Rubén nació en El Rodeo, Cosalá, una pequeña comunidad serrana de Sinaloa, era el menor de una familia de siete hermanos, donde el dinero apenas alcanzaba para sobrevivir; no había lujos, no había juguetes. Lo que sí había era trabajo y muchas veces, únicamente tortillas con sal para alimentar a toda la familia “sé perfectamente lo que es tener hambre."

Su padre cultivaba maíz y trabajaba la madera, pero las oportunidades eran escasas. La familia entendió que si quería un futuro diferente debía abandonar la sierra.

El impacto de Rubén Bayardo en la comunidad de Elota

Llegaron sin dinero y sin un lugar donde vivir. Cuando Rubén tenía apenas siete años, sus padres tomaron una decisión que cambiaría para siempre la historia de la familia. Se mudaron primero al pueblo de Elota, donde su padre consiguió trabajo en la construcción de la presa Aurelio Benassini. No llegaron con patrimonio, no tenían ahorros. Rentaron una vivienda prácticamente en ruinas. "Llegamos sin nada."

Pero también llegaron con algo que nunca les faltó. Las ganas de trabajar. Mientras su padre laboraba en la presa, su madre alimentaba a los trabajadores en casa. Las hermanas trabajaban, todos aportaban, vendían ceviche durante el día y por las noches instalaban un puesto de tacos. Cada integrante de la familia hacía lo posible para salir adelante.

Pero una trágico episodio marcó su vida para siempre, a los cuatro años de haber llegado a Elota, su hermano mayor que tenía 19 años, perdió la vida mientras trabajaba en la construcción de la presa, “trabajaba para llevar dinero a la casa para que los más chicos comiéramos” recuerda con nostalgia.

Rubén Bayardo atiende personalmente a sus clientes, a quienes dice, les debe parte de su crecimiento como empresario

La importancia del deporte en la visión empresarial de Rubén Bayardo

Cuando la familia se mudó a La Cruz de Elota, Rubén comenzó a comprender que la educación podía cambiar su vida. Estudió la secundaria, donde decidió convertirse en uno de los mejores alumnos. Más tarde ingresó a la preparatoria de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Pero estudiar no significaba dejar de trabajar. Por las tardes era ayudante de albañil, en temporada agrícola arrancaba frijol, hasta quedar tirado entre los surcos, agotado por el calor, cortaba chile bajo el sol. Trabajaba donde hubiera oportunidad. "Nunca me quejé. Sabía que tenía que ayudar a mi familia."

Una enfermedad casi cambió su destino. Al terminar la preparatoria inició la carrera de Ingeniería en Culiacán. Sin embargo, un problema cardíaco obligó a los médicos a recomendarle abandonar sus estudios. Para muchos habría significado rendirse, para Rubén fue solamente un cambio de ruta. Regresó a La Cruz y consiguió empleo en una empresa constructora. Aprendió de ingenieros. Estudió los fines de semana mientras trabajaba toda la semana. Se graduó como Programador Analista.

Diseñó un sistema informático para la entonces Conagua, herramienta que aún continúa utilizándose para el pago de estimaciones de obra. "No podía ser empleado toda la vida."

Trabajó para empresas constructoras, fue gerente, administró negocios, recibió ofertas laborales importantes. Incluso la empresa ICA quiso contratarlo durante la construcción de la autopista. Pero había una idea que nunca abandonó. Algún día tendría su propia empresa. "No podía depender toda la vida de alguien. Sentía que podía hacer lo mío."

En 2009 tomó la decisión más importante de su vida. Renunció. No tenía oficinas elegantes, no había mobiliario, no existían grandes inversiones. Solo una computadora, una mesa de plástico, una silla blanca, y muchas ganas de trabajar. Así nació su empresa dedicada a la venta de materiales para la construcción. El resto llegó con disciplina, se levantaba antes del amanecer, construyó relaciones con proveedores nacionales, ganó la confianza de sus clientes y el negocio comenzó a crecer.

Hoy Rubén genera empleo. También cultiva 40 hectáreas de maíz y frijol, recordando aquellos años en los que arrancaba frijol por apenas unos pesos. Pero asegura que el éxito solo tiene sentido cuando también beneficia a otros, por eso apoya constantemente equipos deportivos, estudiantes, escuelas, bomberos y organizaciones sociales. Hace poco una familia le pidió ayuda para que dos niñas ajedrecistas viajaran a competir. No solicitaron dinero, solo una bicicleta para rifarla. Rubén la compró. "No buscamos medallas. Queremos que la gente tenga oportunidades."

De trabajar en la pizca de fríjol y corte de chile por apenas unos pesos, a sembrar cuarenta hectáreas de maíz y fríjol

Generar paz, la inversión más importante. Mientras muchos empresarios hablan únicamente de crecimiento económico, Rubén tiene otra prioridad. Generar paz. Está convencido de que apoyar el deporte significa mantener a niños y jóvenes lejos de la violencia y las adicciones. "Esos muchachos que están en una cancha difícilmente los vamos a ver metidos en los vicios. El deporte también construye paz."

El éxito no cambió su rutina. Aunque hoy dirige una empresa consolidada, sus hábitos siguen siendo los mismos. Se levanta antes de las cinco de la mañana, corre todos los días, supervisa personalmente sus operaciones, abre su negocio a las siete en punto. Porque, asegura, el trabajo fue lo que cambió su vida. Y nunca piensa dejar de hacerlo.

La mayor riqueza. Rubén Bayardo Ortiz no mide el éxito por el tamaño de su empresa ni por las hectáreas que cultiva. Lo mide cada vez que puede tenderle la mano a alguien que, como él hace muchos años, solo necesitaba una oportunidad. Porque quien alguna vez cenó tortillas con sal sabe que el verdadero triunfo no consiste únicamente en salir de la pobreza, sino en regresar para ayudar a otros a salir de ella también.

Gracias a su esfuerzo, el empresario Rubén Bayardo, puede generar empleos en la comunidad