Con apenas 18 años, una hija de seis meses y un año de casada, Natalie Naomi Sáenz Hernández convierte cada tarde el parque Fiu Fiu en su pequeño negocio. Inspirada por su madre y con el apoyo de su esposo, la joven de Alturas del Sur disfruta vender, crear y demostrar que el espíritu emprendedor también se hereda.
Cuando el sol comienza a ocultarse en Alturas del Sur, Natalie Naomi Sáenz Hernández acomoda una mesa, la lechuga, cebolla, salchicha, crema, y frituras de maíz. Ahí espera a los primeros clientes en el parque Fiu Fiu.
Sobre la mesa hay frituras para chimichangas. Muy pronto también habrá chocobananas. No lleva mucho tiempo vendiéndolas. De hecho, apenas comenzó ese mismo día. Pero la emoción con la que habla de su nuevo negocio hace pensar que lleva años preparándose para ese momento.
Y quizá sea cierto.
Una mujer emprendedora
Porque antes de vender chimichangas ya vendía ropa. Antes de vender ropa ya había aprendido que el trabajo puede convertirse en una satisfacción. Y mucho antes de eso, siendo apenas una niña, observaba a su mamá ganarse la vida entre los puestos del tianguis.
Hoy Natalie tiene apenas 18 años. Está casada desde hace un año, es mamá de una bebé de seis meses y vive en Alturas del Sur. Mientras muchas jóvenes de su edad apenas comienzan a definir qué harán con su vida, ella ya descubrió que lo suyo es emprender.
"Me gusta generar", dice entre risas. "Como dice Shakira, facturar", comenta como broma para Tus Buenas Noticias.
Y lo dice convencida.
No vende porque tenga la necesidad económica. Su esposo trabaja y la apoya. Lo hace porque le apasiona mantenerse activa, buscar nuevas ideas y demostrar que siempre hay una oportunidad para empezar algo diferente.
Terminó la preparatoria y durante un tiempo trabajó en la tienda de su hermana. Sin embargo, pronto decidió buscar su propio camino.
Si consigue 500 pesos, entra a Facebook, busca un lote económico de ropa, lo compra y después lo vende en el tianguis cercano al jardín de niños de Alturas del Sur.
Las prendas muchas veces llegan gracias al apoyo de sus tías y primas, quienes le regalan ropa para que pueda revenderla y obtener una ganancia.
Ahora decidió sumar otro proyecto.
Las tardes las divide entre el tianguis y el parque Fiu Fiu. De cinco a siete vende donde ya la conocen por la ropa. Más tarde cambia de escenario y llega al parque con sus chimichangas para atender a quienes salen a caminar o a disfrutar la noche.
Si se terminan, regresa feliz a casa. Y si no... "Me las llevo y me las como yo", comenta soltando una carcajada.
Su pasión por emprender
Detrás de esa sencillez también hay una historia de inspiración. Natalie reconoce que una amiga emprendedora la animó a dar el paso. Al verla salir adelante, decidió pedirle apoyo a su esposo para comenzar. Él creyó en la idea y juntos compraron lo necesario para arrancar.
Pero la semilla del comercio había nacido mucho antes. La heredó de su mamá, quien durante años vendió en el tianguis. Creció viendo cómo instalaba su puesto y atendía clientes, sin imaginar que un día repetiría la misma escena, solo que ahora con su propia hija esperándola en casa.
Mientras Natalie sale a trabajar unas horas, su mamá cuida a la pequeña de seis meses. Es un apoyo que le permite seguir haciendo lo que disfruta y continuar construyendo, poco a poco, sus propios sueños.
Un legado familiar que inspira a nuevas generaciones
Ella no habla de grandes negocios ni de planes millonarios. Habla de vender una chimichanga más, de probar con chocobananas el fin de semana, de encontrar ropa para el siguiente tianguis y de mantenerse ocupada haciendo algo que verdaderamente le apasiona.
Porque para Natalie emprender no es solamente ganar dinero. Es sentirse capaz. Es continuar una tradición familiar. Y es demostrar que, incluso con apenas 18 años, una carriola esperando en casa y un pequeño puesto instalado en el parque Fiu Fiu, los sueños también pueden empezar con verdura y frituras de maíz.