Con un triciclo de más de 70 años, Sonia Ivette Ramírez mantiene viva la tradición de vender agua de cebada que inició su abuelo en Coyotitán. Hoy la receta sigue refrescando a generaciones enteras.
Por: Yolanda Tenorio
Coyotitan, San Ignacio, Sinaloa.- Lo que comenzó hace más de 70 años con don Sotero Ramírez Picos continúa vigente en Coyotitán gracias a Sonia Ivette Ramírez Cruz. Con el mismo sabor que conquistó a varias generaciones y a bordo del triciclo que perteneció a su abuelo, mantiene viva una de las tradiciones más representativas de la comunidad.
En Coyotitán, una de las tradiciones más representativas de la comunidad continúa vigente gracias al esfuerzo y dedicación de Sonia Ivette Ramírez Cruz, quien ha mantenido viva la venta de agua de cebada, una actividad que inició su abuelo hace más de siete décadas.
Cada mañana, Sonia instala su triciclo y prepara la bebida que durante generaciones ha refrescado a habitantes y visitantes del pueblo. "Me gusta vender y me gusta el comercio, pero también continúo con algo que mis abuelos me dejaron", comenta.
La historia de una tradición que perdura en el tiempo
La historia comenzó con don Sotero Ramírez Picos, abuelo de Sonia, quien fue el primero en vender agua de cebada en el mismo lugar donde actualmente se encuentra su nieta. Durante aproximadamente 70 años, él y su familia se dedicaron a elaborar esta bebida tradicional, convirtiéndose en una referencia para quienes visitaban Coyotitán.
Muchas personas recuerdan todavía al abuelo Sotero y el sabor característico de su agua de cebada. Tras su fallecimiento, la tradición continuó en manos de sus hijos Francisco y Sotero Ramírez Contiveros. Sin embargo, con el paso de los años la actividad dejó de realizarse en ese punto, hasta que Sonia decidió retomarla para evitar que desapareciera una costumbre tan arraigada en la comunidad.
Sonia Ramírez y el legado de su abuelo en la venta de agua de cebada
Sonia recuerda que desde niña tuvo contacto con la preparación de la bebida. Cuando tenía ocho años, observaba atentamente a su abuela preparar cada ingrediente. Poco a poco fue aprendiendo la receta, que quedó guardada en su memoria hasta que años después decidió ponerla nuevamente en práctica.
Actualmente suma 13 años dedicada a la venta de agua de cebada y desde hace dos años volvió a establecerse en el lugar donde comenzó esta historia familiar.
El secreto está en la preparación. Aunque muchas personas le preguntan cuál es la receta completa, Sonia asegura que algunos detalles siguen siendo un secreto familiar. Explica que la bebida se prepara con cebada, leche evaporada, canela y agua, pero considera que existe un ingrediente que marca la diferencia. "El toque especial de quien la prepara", afirma entre sonrisas.
Ese sabor característico ha permitido que cada vez más personas busquen su producto. Lo que comenzó con una producción de 20 litros diarios hoy alcanza los 40 litros, los cuales generalmente logra vender antes de finalizar la jornada.
El triciclo de Sotero Ramírez como símbolo de la tradición familiar
Además de la receta familiar, Sonia conserva un objeto lleno de recuerdos: un triciclo con más de 70 años de antigüedad. Este perteneció originalmente a su abuelo y posteriormente fue utilizado por su tío Francisco, conocido como Pancho, quien también se dedicó a la venta de agua de cebada.
Después de permanecer guardado durante décadas, Sonia decidió recuperarlo. Lo restauró, le colocó llantas nuevas y volvió a utilizarlo para continuar la tradición familiar. Hoy, el triciclo no solo es una herramienta de trabajo, sino también un símbolo de la historia y del esfuerzo de varias generaciones.
Una tradición que une generaciones. La clientela de Sonia está integrada por personas de todas las edades. Niños, jóvenes y adultos mayores disfrutan de la bebida, mientras muchos habitantes aprovechan la visita para recordar anécdotas relacionadas con el abuelo Sotero. "Hay personas que llegan y me preguntan si soy nieta de Sotero Ramírez. Se acuerdan mucho de él", relata.
Para Sonia, esos momentos son una muestra de que la tradición sigue viva en la memoria colectiva de Coyotitán.
Más que una bebida, una identidad. Detrás de cada vaso de agua de cebada existe una historia de trabajo, perseverancia y amor por las raíces familiares. Gracias a la decisión de Sonia de continuar con el legado de sus abuelos, una tradición que ha acompañado a varias generaciones permanece vigente y forma parte de la identidad cultural de Coyotitán.
Mientras su triciclo continúa recorriendo las calles y los clientes siguen llegando en busca del sabor de siempre, la historia del agua de cebada sigue escribiéndose día tras día en esta comunidad sinaloense.