De vender para otros a levantar su propio sueño en Culiacán: Karla emprende desde casa en Valle del Agua

Con dulces, sandías y mucha voluntad, Karla Lucía Niebla convirtió la entrada de su casa en Valle del Agua, al nororiente de Culiacán, en un pequeño negocio familiar que hoy le ayuda a sacar adelante a sus hijos

Por: Francisco Castro

Culiacán, Sinaloa.- Entre mazapanes, sandías frescas y bolsitas de gomitas con chile, Karla Lucía Niebla Bernal encontró, al nororiente de la ciudad, una manera de transformar la necesidad en oportunidad. 

Desde hace tres meses, instaló un pequeño estanquillo en la entrada de su hogar, en el fraccionamiento Valle del Agua, donde todos los días atiende a vecinos que pasan en busca de un dulce, una bebida fría o simplemente para saludar.

Aunque siempre le gustaron las ventas, esta es la primera vez que Karla emprende por cuenta propia.

Karla inició su estanquillo hace apenas tres meses para generar ingresos sin dejar de cuidar a uno de sus hijos con problemas de salud.

Antes trabajaba vendiendo productos para otras personas, pero ahora decidió apostar por algo suyo, motivada principalmente por el bienestar de su familia.

Un negocio que nació desde la necesidad

Madre de siete hijos —cuatro de ellos viviendo actualmente con ella—, Karla explica que la idea surgió ante la necesidad de generar un ingreso extra mientras permanece en casa cuidando a uno de sus niños, quien enfrenta problemas de salud.

Con el apoyo del salario de su esposo y las ventas del pequeño negocio, poco a poco han logrado avanzar. El estanquillo también le permite estar cerca de sus hijos pequeños, atender el hogar y mantenerse disponible para el cuidado de su familia.

“Entre los dos nos ayudamos más”, comparte con sencillez, mientras acomoda dulces tradicionales como pepitorias, banderitas y Duvalines, junto a refrescos, aguas frescas y sandía listas para el calor de Culiacán.

El apoyo de los vecinos

Ubicada justo en la entrada del sector, Karla asegura que la respuesta de la gente ha sido mejor de lo que esperaba. Los vecinos ya la conocen y constantemente se detienen a comprar algo para apoyar el esfuerzo familiar.

El negocio permanece abierto prácticamente todo el día. Incluso por las noches, si alguien toca la puerta, Karla sale a atender sin problema. Porque detrás de cada venta hay una meta más grande: construir un futuro más estable para sus hijos.

Soñar en grande, empezando poco a poco

Aunque el estanquillo es modesto, Karla ya imagina cómo quiere verlo dentro de algunos años: una tiendita más grande, con piso firme, mejor acondicionada y con más productos.

El plan ya está pensado. Y aunque sabe que el crecimiento dependerá del apoyo de la gente y del trabajo constante, mantiene intactas las ganas de salir adelante.

Porque a veces los grandes sueños no empiezan con enormes inversiones, sino con una mesa de dulces afuera de casa, una sandía partida a la mitad y una mujer decidida a no rendirse.