Cada madrugada, cuando la mayoría aún duerme, Jaime Melgar enciende el fuego y comienza una jornada que ha repetido durante más de cuatro décadas. Su misión: preservar una tradición que forma parte de la identidad de Sinaloa.
Por: Yolanda Tenorio
Cosalá, Sinaloa.- Mientras muchos ven una simple papaya, Jaime Melgar observa una historia completa. Ve la tierra que la hizo crecer, las manos que la cosechan, las horas de trabajo frente al fuego y una tradición que se resiste a desaparecer.
Desde la comunidad de El Rodeo, en Cosalá, este artesano sinaloense ha dedicado más de cuatro décadas a elaborar conserva de papaya, un producto que para muchos es mucho más que un postre: es un recuerdo de familia, una tradición compartida y un sabor que conecta generaciones.
Cada bote que sale de su taller lleva consigo paciencia, esfuerzo y una receta que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Conserva de papaya artesanal: una tradición que comenzó hace más de 40 años
La historia de Jaime Melgar en este oficio comenzó en 1984, cuando tenía apenas 22 años.
Tras quedarse sin empleo en una empresa de la región, encontró una oportunidad junto a sus suegros, quienes elaboraban conservas de manera artesanal. Lo que inició como una ayuda ocasional pronto se convirtió en el sustento de su familia y en una pasión que continúa hasta la actualidad.
“Fue una lucha constante”, recuerda Jaime, quien poco a poco aprendió los secretos de la producción y descubrió que además de elaborar conservas, tenía talento para venderlas.
El proceso artesanal detrás de cada conserva de papaya
Las jornadas de Jaime comienzan antes de que salga el sol.
A las cinco de la mañana ya está trabajando entre envases, pedidos y preparativos para una nueva producción. El proceso requiere coordinación, paciencia y muchas horas de trabajo.
La papaya llega desde La Cruz de Elota y pasa por distintas etapas: pelado, retiro de semillas, corte en gajos y cocción.
Cada lote implica procesar cerca de una tonelada de fruta, trabajo que genera empleo temporal para varias personas de la comunidad.
Más de 10 horas de cocción entre fuego y tradición
Uno de los secretos de la conserva está en la cocción.
La fruta se cocina durante entre diez y doce horas en grandes cazos alimentados con leña. El fuego no puede apagarse y siempre debe mantenerse constante para lograr la textura y consistencia características del producto.
Durante todo el proceso, Jaime y su equipo vigilan cada detalle, removiendo cuidadosamente la mezcla para conservar la calidad que distingue a sus conservas.
Es un trabajo exigente, pero también una muestra del conocimiento acumulado durante décadas.
Un sabor de Cosalá que llega a todo Sinaloa
Lo que comenzó como una actividad familiar hoy llega a municipios como Culiacán, Mazatlán, Guasave y Los Mochis.
Las conservas se comercializan en presentaciones de uno y cuatro kilos y cuentan con clientes que cada año regresan en busca de ese sabor tradicional que difícilmente se encuentra en los productos industrializados.
Aunque reconoce que el turismo ha disminuido y las ventas ya no son las mismas que años atrás, Jaime continúa trabajando con la misma dedicación que lo ha caracterizado durante más de cuatro décadas.
Un legado que preserva la identidad de Sinaloa
Además de la tradicional conserva de papaya, Jaime también elabora productos de temporada como camote, mango, limón, ciruela y calabaza.
Sin embargo, más allá de las frutas, lo que realmente conserva es una parte de la historia de su comunidad.
Su trabajo representa el valor de los oficios tradicionales, la cultura gastronómica de Sinaloa y el esfuerzo de quienes mantienen vivas las costumbres que dan identidad a los pueblos.
Porque hay quienes elaboran conservas. Y hay quienes, como Jaime Melgar, conservan recuerdos, tradiciones y el sabor de toda una vida.