Más de 10 mil personas se encontraron en el Malecón de Altata para compartir comida, música y alegría en una tarde que recordó por qué este puerto sigue siendo el corazón de muchas familias sinaloenses.
Desde temprano, Altata, Navolato, empezó a sentirse distinto. No era un domingo cualquiera. En el malecón, el sonido del mar se mezcló con risas, pasos apurados, música que iba subiendo de volumen y el aroma inconfundible del ceviche recién preparado.
Así comenzó la segunda edición de Altata Late Fuerte, una fiesta que terminó convirtiéndose en un abrazo colectivo.
Familias completas llegaron con sombreros, lentes de sol y ganas de quedarse. Parejas, grupos de amigos, visitantes de otros municipios y locales se fueron acomodando frente al escenario, buscando sombra, una mesa libre o simplemente un buen lugar para disfrutar. El ambiente fue creciendo poco a poco, sin prisas, como suelen hacerlo las mejores historias.
Música y alegría en el Malecón
La música arrancó desde la una de la tarde. Un DJ local marcó el ritmo inicial y después llegaron Cafeína Gris y Los Cano, que pusieron a bailar a chicos y grandes.
Nadie se quedó quieto. Algunos bailaban frente al escenario, otros desde su mesa, y muchos más con los pies descalzos sobre el malecón, mirando al mar.
Mientras tanto, los restaurantes del Muelle 33 y del malecón lucieron llenos. Meseros iban y venían sin descanso, las cocinas no pararon y el puerto se sintió vivo, activo, alegre. Fue un día bueno para todos. De esos que se notan no solo en la caja, sino en el ánimo.
Uno de los momentos más esperados llegó cuando los restauranteros prepararon un mega ceviche de 700 kilos, que fue repartido de manera gratuita. La fila se formó rápido, pero nadie se quejó. Al contrario: había sonrisas, fotos, comentarios y esa sensación de estar compartiendo algo especial. Comer juntos también es celebrar.
Durante más de cinco horas, Altata fue punto de encuentro. Un espacio seguro, familiar, donde la gente pudo convivir sin preocupaciones, reencontrarse, platicar y disfrutar del puerto como antes. Muchos decían lo mismo: “Ya hacía falta algo así”.
Un cierre memorable con Banda Zarape
El cierre llegó con Banda Zarape, que coronó la tarde con música que se escuchó hasta donde alcanza la marea. Cuando cayó el sol y el cielo empezó a cambiar de color, el malecón seguía lleno. Nadie quería irse todavía.
Altata Late Fuerte no fue solo un evento. Fue un recordatorio de que el puerto sigue teniendo fuerza, sabor y corazón. Que cuando la gente se reúne, Altata no solo recibe visitantes: late, vibra y se llena de vida.