Durante más de dos décadas, un edificio permaneció en silencio en el Centro de Culiacán. Hoy, gracias al talento de tres artistas del graffiti y al impulso de Vamos Pintando y Migrantes Valientes, sus muros cuentan una nueva historia de identidad, comunidad y esperanza.
Hubo un tiempo en que esa esquina del Centro de Culiacán parecía haberse resignado al olvido. Por más de veinte años, el edificio ubicado en el cruce de Aquiles Serdán y Benito Juárez permaneció en silencio.
Sus paredes desgastadas eran apenas un recuerdo de lo que alguna vez fue, mientras cientos de personas pasaban frente a él todos los días sin detener la mirada. Ahora ocurre exactamente lo contrario.
Quien camina por esa esquina inevitablemente levanta la vista. Los colores, las letras y los rostros invitan a descubrir una historia distinta. El mural "Palabras que nos unen" convirtió un espacio abandonado en un punto de encuentro donde la identidad de Culiacán quedó plasmada en gran formato.
¿Cómo ocurrió la transformación del edificio?
Durante doce días, los artistas Pablo Allison, Block y Denser trabajaron hombro con hombro utilizando el graffiti como lenguaje común.
Cada uno aportó su propio estilo: las letras de Allison, el universo gráfico y animado de Block y el realismo característico de Denser, logrando una obra que mezcla técnica, improvisación y colaboración. Para Pablo Allison, artista mexicobritánico y creador del proyecto Migrantes Valientes, la experiencia fue mucho más que pintar un muro.
Desde los primeros días, vecinos y transeúntes comenzaron a acercarse para conversar. De esas charlas nacieron muchas de las palabras que hoy pueden leerse entre los colores del mural.
"Hubo mucha interacción con la comunidad... de ahí que las palabras emergieron para poder plasmarlas en la pared", explicó el artista, quien también reconoció las aportaciones del arquitecto Fernando Aragón para construir el concepto de la obra.
El mural reúne algunos de los símbolos más representativos de la ciudad: el Puente Negro, el sol del escudo de Culiacán con el Dios Torcido, la Catedral y los rostros de niñas y niños que parecen observar el movimiento cotidiano del Centro.
Entre ellos aparecen palabras que invitan a detenerse y recorrer el muro con la mirada.
¿Qué impacto tiene el mural en la comunidad?
Para el arquitecto Fernando Aragón, el proyecto también representa una manera de devolverle significado a una zona que alguna vez estuvo llena de familias y hoy funciona principalmente como espacio comercial y de paso.
Rescatar edificios olvidados mediante el arte, afirma, también es una forma de reconstruir ciudad. Ese mismo sentimiento comparte Gabriela Camacho, directora de Vamos Pintando, quien recuerda que aquel inmueble permaneció durante años detenido en el tiempo.
Hoy, dice, se convirtió en uno de los proyectos más importantes de la organización por sus dimensiones, el lugar donde se encuentra y el trabajo colectivo que hizo posible la obra.
Los artistas locales Block y Denser conocen bien esa esencia colaborativa del graffiti. Para ellos, intervenir un muro nunca es un trabajo individual.
Las paredes se transforman con las ideas de quienes las pintan y también con las historias de quienes las observan. "A pesar de que cada uno haga algo diferente, el graffiti casi siempre es compartido", resume Denser.
El mayor desafío fue adaptar el boceto a una superficie irregular y dejar espacio para que la improvisación hiciera lo suyo.
Esa libertad, explica Block, forma parte de la naturaleza del graffiti y terminó convirtiéndose en una de las mayores fortalezas del mural.
Hoy, aquel edificio que durante años pasó desapercibido vuelve a ser tema de conversación. Ya no guarda silencio. Ahora habla con colores, con rostros, con símbolos y con palabras que recuerdan que una ciudad también puede reconstruirse desde sus muros cuando el arte logra unir a quienes la habitan.