Entre sones tradicionales y piezas contemporáneas interpretadas por la Banda musical Militar y frente al emblemático ingenio Azucarero, vecinos de Eldorado vivieron una tarde que quedará marcada en la memoria colectiva del municipio.
Por: Erick Valenzuela
La tarde del primer viernes de julio, la calle Sonora, a un costado del Oxxo cercano al emblemático ingenio azucarero de Eldorado, se convirtió en el punto de encuentro de cientos de familias.
Ahí, entre el bullicio cotidiano de un cruce conocido por todos los eldoradenses, se instaló algo distinto: un escenario, instrumentos, y la promesa de una tarde diferente.
Una gran fiesta para los eldoradenses
La Banda Musical de la III Región Militar llegó para ofrecer un concierto que, desde los primeros acordes, cambió el ritmo del lugar.
Los sones tradicionales dieron paso a piezas más modernas, y con cada cambio el público respondía con aplausos, sonrisas, algún abuelo tarareando junto a su nieto, parejas que se animaron a bailar sin pensarlo demasiado.
El sitio elegido, tan cotidiano para quienes transitan a diario por esa zona del municipio, se transformó por unas horas en un espacio de convivencia.
Vecinos que suelen cruzar esa esquina de camino al trabajo o a casa se detuvieron esta vez a quedarse, a escuchar, a compartir un momento con desconocidos que, por un rato, dejaron de serlo.
La música, el lenguaje universal
El concierto fue, por un rato, un espacio donde las diferencias de edad no importaron. La música hizo lo que suele hacer cuando se le da la oportunidad: unir a quienes normalmente no comparten el mismo ritmo de vida.
El presidente municipal, Faustino Torres Núñez, estuvo presente y expresó su reconocimiento a la agrupación, pero fue el público el verdadero protagonista de la tarde. Vecinos de distintas colonias coincidieron en un mismo punto de la ciudad, y por un momento, esa esquina tan transitada se sintió como el centro del municipio.
Un reconocimiento a los artistas
Al final, cuando la banda se despidió, la gente se puso de pie para aplaudir, como queriendo alargar un poco más ese momento compartido. Algunos se quedaron platicando, otros solo se fueron con una sonrisa distinta a la de cualquier viernes.
Para muchos eldoradenses, no fue solo un concierto. Fue una tarde que quedará en la memoria como ejemplo de que la cultura, cuando llega a la gente, incluso en la esquina más cotidiana, deja huella.